Abasuly Reyes – martes, 23 de agosto de 2011, 15:37

Para José Ferrater Mora la voz es la primariamente expresión de un pensamiento; de ahí explicación y, sobre todo, interpretación del mismo. En Platón encontramos dicha voz en la frase: “la razón [de lo dicho] era la explicación de la diferencia” (Theait., 209 Α.). Es el título del tratado de Aristóteles incluido en el Organon que se ocupa de los juicios y de las proposiciones. Dicho tratado se ha traducido al latín con los nombres de De interpretatione y de Hermenéutica ( este último ha sido usado, por ejemplo, por Theodor Waitz en su edición y comentario del tratado incluido en Aristotelis Organon Graece, Pars Prior, Lipsiae, 1844). Habitualmente se cita tanto con dichos títulos como con el de Perihermeneias, transcripción en alfabeto latino del original griego. El título Perihermeneias es empleado por gran número de comentaristas; así, Santo Tomás, Commentaria in Perihermeneias. Según Boecio, en su Comm, in lib. de interpretatione, la interpretatio es una voz significativa que quiere decir algo por sí misma. Santo Tomás (op. cit., I l a) indica que el nombre y el verbo ( de que trata Aristóteles en los capítulos 2 y 3 del tratado) son más bien principios de interpretación que interpretaciones. La interpretación se refiere, a su entender, a la oración enunciativa, de la que puede enunciarse la verdad o la falsedad. Para Waitz (op. cit., pág. 323), el vocablo tiene una significación más amplia que el vocablo λέξις (‘enunciado’). Por lo tanto, el sentido dado por Aristóteles a su tratado no se confina al de una descripción de oraciones enunciativas, sino que dilucida “los principios de la comunicación del sermo”.

El sentido que tiene hoy el vocablo ‘hermenéutica’ se aproxima al destacado al principio de este artículo. Tal sentido procede en gran parte del uso de eρµηνeίa para designar el arte o la ciencia de la interpretación de las Sagradas Escrituras. Este arte o esta ciencia puede ser: (1) interpretación literal o averiguación del sentido de las expresiones empleadas por medio de un análisis de las significaciones lingüísticas, o (2) interpretación doctrinal, en la cual lo importante no es la expresión verbal, sino el pensamiento. A veces se llama hermenéutica a la interpretación de lo que está expresado en símbolos. Aunque esta última significación parece al principio tener poco que ver con la anterior, está estrechamente relacionada con ella en tanto que las expresiones que hay que interpretar son consideradas como expresiones simbólicas de una realidad que es menester “penetrar” por medio de la exégesis. Aplicada a las Escrituras la hermenéutica fue desarrollada ya en el siglo XVI por el luterano Matthias Flacius Illyricus (Clavis scripturae sacrae, 1567). Andriaan Heerebord, un seguidor holandés de Descartes y de Suárez, publicó en 1657 una ( Ermenei=a, Logica. Como disciplina filosófica, la hermenéutica fue elaborada por un discípulo de Baumgarten: Georg Friedrich Maier , en su escrito titulado Versuch etner allgemeinen Auslegungskunts (1756). Sin embargo, la influencia de Maier al respecto ha sido escasa. Más influyente fue Schleiermacher, el cual elaboró una hermenéutica aplicada a los estudios teológicos en su escrito sobre “hermenéutica y crítica con referencia especial al Nuevo Testamento” (1838; Hermeneutik, nueva ed. por Heinz Kimmerle [1959], en Abhandlungen der Heidelberg Akademie der Wissenschaften. Phil.-Hist. Klasse. Abh. 2). La hermenéutica de Schleiermacher no es sólo una interpretación filológica — o filológico-simbólica. La interpretación no es algo “extemo” a lo interpretado.

Todavía más influyentes han sido los trabajos hermenéuticos de Dilthey, trabajos sobre personalidades, obras literarias o épocas históricas. Además, Dilthey se ocupó del problema general de la hermenéutica en el escrito Die Entstehung der Hermencuiik, publicado en 1909, en una colección de trabajos en homenaje a Ch. Sigwart y recogido en el tomo V de los Gesammelte Schriften). Según Dilthey, la hermenéutica no es solamente una mera técnica auxiliar para el estudio de la historia de la literatura y, en general, de las ciencias del espíritu: es un método igualmente alejado de la arbitrariedad interpretativa romántica y de la reducción naturalista que permite fundamentar la validez universal de la interpretación histórica (Cfr. G. S. V 311). Apoyándose en parte en Schleiermacher, Dilthey concibe la hermenéutica como una interpretación basada en un previo conocimiento de los datos (históricos, filológicos, etc.) de la realidad que se trata de comprender, pero que a la vez da sentido a los citados datos por medio de un proceso inevitablemente circular, muy típico de la comprensión en tanto que método particular de las ciencias del espíritu .

La hermenéutica —que se puede en parte enseñar, mas para la cual se necesita sobre todo una perspicacia especial y la imitación de los modelos proporcionados por los grandes intérpretes— permite comprender a un autor mejor de lo que el propio autor se entendía a sí mismo, y a una época histórica mejor de lo que pudieron comprenderla quienes vivieron en ella. La hermenéutica se basa, por lo demás, en la conciencia histórica, la única que puede llegar al fondo de la vida (v.); es una “comprensión de las manifestaciones en las cuales se fija la vida permanentemente” (op. cit., pág. 319) y, por así decirlo, de “los residuos de la vida humana”. Como tal, la hermenéutica permite pasar de los signos a las vivencias originarias que les dieron nacimiento; es un método general de interpretación del espíritu en todas sus formas y, por consiguiente, constituye una ciencia de alcance superior a la psicología, que es sólo, para Dilthey, una forma particular de la hermenéutica.

Heidegger, cuyas investigaciones sobre lo histórico deben tanto, de acuerdo con su propia confesión (Sein und Zeit, § 77), a Dilthey y al Conde Yorck (véase HISTORICIDAD), emplea con frecuencia el término ‘interpretación’ (Interpretation, Auslegung) en un sentido no lejano al de la hermenéutica diltheyana. Pero a su entender la interpretación existencial que realizan la psicología filosófica, la antropología, la historia, etc., no es suficiente si no es guiada —o fundada— en una previa analítica existenciaria (op. cit., § 5). Ahora bien, aunque Dilthey no llegó a ella, se acercó, según Heidegger, a su nivel cuando consideró la hermenéutica como una autoexplicación (Selbsterklärung) de la comprensión de la “Vida” (op. cit., § 77). Heidegger no entiende, pues, la hermenéutica de Dilthey exclusivamente como un método científico-espiritual y señala, siguiendo a G. Misch, que hacerlo así equivale a descuidar las tendencias centrales de Dilthey a partir de las cuales solamente puede entenderse el sentido de la hermenéutica. Agreguemos que en diversos lugares (Sein und Zeit, § 7; Unterwegs zur Sprache, págs. 95 y sigs.) Heidegger declara que la hermenéutica no es una dirección dentro de la fenomenología, ni tampoco algo sobrepuesto a ella: es un modo de pensar “originariamente” la esencia de la fenomenología — y, en general, un modo de pensar “originariamente” (mediante una teoría y una metodología) todo lo “dicho” en un “decir”. Una filosofía general de la hermenéutica o interpretación ha sido desarrollada por Emilio Betti (op. cit. infra).

La hermenéutica de Betti se funda, según indica G. Funke (Cfr. infra), en la realidad objetivo-espiritual. Tal hermenéutica se basa, pues, en gran parte en la noción de comprensión (v.) tal como fue postulada por Hegel y desarrollada por Dilthey. Pero Betti no se ha limitado a propugnar la comprensión hermenéutica; ha presentado en detalle: (1) una fenomenología de la comprensión hermenéutica (“fenomenología hermenéutica”) y (2) un sistema de categorías de la interpretación. Betti ha propuesto distinguir entre varios modos de comprensión hermenéutica ( simbólica, expresiva, modélica, etc.). Cada uno de estos modos ocupa un lugar dentro de una metodología, y todos ellos se hallan ligados entre sí por una “continuidad de comprensión”.