El temazcal es un espacio en el que confluyen todas las fuerzas del Universo y para acceder a ellas recurrimos a un ritual con el cual se simbolizan las energías creadoras que entrelazan el corazón del cielo con el corazón de la tierra.

El temazcal al ser el vientre de la Madre tierra contiene en su interior la energía creadora sintetizada en la unión de agua y fuego que llamamos Atlachinolli o “agua quemada”, por lo tanto cuando nuestro cuerpo entra en contacto con estos dos elementos fusionados cada una de las células de nuestro cuerpo despierta en su interior la memoria antigua que es el recuerdo del origen de la vida en la tierra.
Esta afirmación podría parecer exagerada a la vista de algunos, sin embargo seamos analíticos, observadores y despiertos para entender un concepto como este.

Tomemos en cuenta que la energía de vida que proviene del cosmos está sintetizada en el Sol, de él llegan hasta nosotros los fotones que son partículas de materia portadoras de todo tipo de radiación, sin ellas no sería posible la vida y el movimiento sobre la tierra.
Un árbol en realidad se alimenta de estos fotones y de alguna manera los concentra en el tronco, el cual nosotros tomamos en forma de leña y con una fricción generamos fuego. Entendemos que al generarse este fuego de verdad estamos activando una muy minúscula parte del Sol, que al igual que él emana luz, calor y anima a las cosas.

Las piedras que usamos en el temazcal son volcánicas, por lo tanto en su etapa inicial se encontraban en el interior de la Madre tierra, en sus entrañas, en su corazón y salieron a la superficie en forma líquida. Al solidificarse las tomamos y ponemos sobre ellas el fuego para finalmente introducirlas al temazcal.

A estas piedras les llamamos “abuelas” porque consideramos que están mucho antes que nosotros sobre la superficie de la tierra, por lo tanto son mucho mas ancianas que cualquier ser humano. Esto aunado a que durante decenas de miles de años todos los restos corpóreos de nuestros antecesores han regresado a la tierra, quedando sembrados y en contacto con esas piedras que tomamos con tanto amor.

La piedra volcánica es despertada, animada y reactivada con el fuego. Retoma sus propiedades iniciales al quedar al rojo vivo, casi hecha lava, emanando luz y tiene la vibración en alta frecuencia que llamamos calor.

Al momento de transmitirle a las piedras el calor por medio del fuego en realidad lo que tenemos es una síntesis del corazón del cielo con la energía solar y el corazón de la tierra con la lava que provino de las entrañas. Es una fusión dual compuesta por la esencia del Padre Universo y de la Madre tierra.
Cuando las piedras están frente a nosotros, incandescentes, chispeantes, emanando luz, decimos que han despertado de su letargo y retornan a su forma original, antigua, como eran a un inicio de la creación de la tierra.

Sobre ellas depositamos agua que nos es devuelta en vapor, pero no es solamente eso, porque al momento de esta unión las moléculas de agua transitan una transformación ionizando el oxígeno dentro del temazcal, lo que trae para nosotros una enorme carga de electrones que equilibra el desajuste energético con que vivimos en nuestra vida cotidiana y sobre todo en las grandes ciudades donde la sobrecarga de protones nos desalinea y enferma. Estos procesos han sido bien estudiados por los científicos al comparar la ionización en las ciudades en comparación a la que encontramos en el campo, la playa y las zonas alejadas de radiación electromagnética producida por los artefactos tecnológicos.

Cuando el agua es depositada sobre las ancianas piedras hay un movimiento de los cuatro elementales que sustentan las diversas formas de vida, o sea que se produce una interacción inmediata entre la tierra con las piedras, el fuego, el agua y el aire.

Al tocarse el agua y el fuego pequeñas cantidades de mineral son desprendidos de las piedras y pasan a formar parte del vapor y del aire caliente, como resultado, en ese espacio reducido tenemos contacto directo con los cuatro elementos simplemente al respirar.
El vapor trae hasta nosotros la esencia antigua de la tierra para que nos pongamos en contacto directo con ella, lo que hace recordar a cada una de nuestras células cuál es nuestro verdadero origen.

Este proceso poderoso nos conduce a un estado profundo de unidad con el cual recordamos que somos la tierra porque nuestro cuerpo está hecho de ella y reactivamos la memoria oculta en la que reconocemos que nuestra alma o espíritu proviene del cosmos.
Entramos al temazcal sin pertenencias personales. Su interior es totalmente obscuro con la finalidad de que nuestro rostro, nuestro color de piel, la forma de nuestro cabello desaparezca por completo y así lograr que todos sentados alrededor del fuego reconozcamos que somos lo mismo, que estamos hechos de lo mismo y que estamos tejidos con las mismas leyes. El calor es exactamente igual para todos sin distinción de posición socioeconómica, raza, sexo, edad, etc.

En la obscuridad del temazcal compartimos nuestra verdadera esencia. El cuerpo ha quedado relegado a un segundo término, sólo se manifiesta el alma con las palabras y los cantos. Aquí encontramos que somos un solo rostro, un solo corazón, una sola raza humana, somos una integración dual conformada por cuerpo y alma que nuestros ancestros llamaron Tonal y Nagual.

Los procedimientos usados en el temazcal nos han enseñado que podemos usar plantas aromáticas y curativas porque en ellas Tonantzin Tlalli “nuestra venerable Madre tierra” nos entrega su amor para equilibrar nuestro estado mental, emocional, físico y espiritual.
Lo que nos sucede en el temazcal con el vapor, el calor, al presencia de las piedras, el aire caliente es que retornamos la origen, al momento en que todo comenzó sobre la tierra.

Poner agua sobre las abuelas incandescentes es un acto creador, ahí sucede una transformación que lleva al agua cambiar de estado líquido a gaseoso, es una expansión, una explosión de energía puesta para que los que rodeamos al fuego convivamos con ella. Este acto creador de la misma forma nos transforma a nosotros porque genera un movimiento violento en nuestra sangre y en los líquidos que corren por nuestras venas. La sudación que provoca el calor es la viva síntesis del desprendimiento, de la renovación, de la limpieza que sufre cada célula del cuerpo.

El calor hace que nuestros huesos compuestos de minerales idénticos a las piedras, vibren en una sola sintonía con las abuelas piedras, de esta manera resonamos, vibramos en la misma sintonía que ellas. No es en un sentido simplista decir que en el temazcal despierta nuestra memoria oculta porque sabemos que en los huesos es creada la sangre, por tal motivo si esta estructura sólida vibra en sintonía con la tierra la sangre llevará esta información a cada célula, a cada neurona, a cada molécula que compone nuestro estado físico.
Al temazcal ingresamos a reconocer que nosotros somos la viva presencia de nuestros ancestros. Ellos depositaron en nuestros genes, en nuestra sangre, la forma de su rostro, su color de piel y de alguna forma también han depositado en nuestros pensamientos, en el inconsciente colectivo su forma de vida, sus pensamiento, sus aspiraciones para esta humanidad. Es así como afirmamos que los ancestros nos nos acompañan en el temazcal, convivimos y compartimos con ellos el misterio de la vida y de la muerte. Nuestros abuelos y abuelas se convierten en nuestros guías, en nuestros protectores porque al despertarlos en la sangre llega a nosotros todo su conocimiento, su sabiduría y su consejo.

Por otro lado en el temazcal cantamos con dos propósitos principales, el primero y más obvio es ocupar la mente, enfocar la atención para no estar saturados en la banalidad de la vida que nos lleva siempre a estar en un estado de confort. El segundo propósito del canto es hacer vibrar el cuerpo. Con los cantos vibra nuestro cerebro, nuestra garganta, nuestro pecho y es acompañado de tambores y sonajas para que se complete la vibración en cada órgano de nuestro cuerpo, para que nuestro corazón logre latir al unísono con el latir de los tambores que son el latir de la tierra.

Es una ceremonia de puro amor, de pura vibración con cada uno de los elementos que hace posible la vida. En esta ceremonia la vibración que alcanzamos enlaza la las fuerzas terrenales con las cósmicas para fluir en un mismo sentido que llamamos “conciencia”.
El temazcal nos hace “despertar”, “abrir los sentidos internos”. Las abuelas al retornar a su estado original, en el centro del temazcal que llamamos “ombligo” toma la función de condensador porque ahí está el Nican Axcan “aquí y ahora”. En el “ombligo” del temazcal confluyen las cuatro direcciones cósmicas, el cielo, la tierra y la conexión con el inframundo. Por esta razón el temazcal trae hasta nosotros un profundo sentido de paz, de armonía, porque nos hemos despojado de nuestra historia y solo vivimos el momento presente sin ocuparnos del futuro.

Por estas y muchas razones más el temazcal es una celebración que honra la vida, que valora cada ser que vive y siente. Nos recuerda el profundo respeto que debemos tener por cada latido de nuestro corazón, por cada respiración, por cada palabra, porque a final de cuentas cada instante nos acerca cada vez más a nuestra muerte, hacia nuestra integración, hacia nuestro retorno con la Madre tierra, porque de ella somos y a ella regresamos.

Contraindicaciones del temazcal

Hay algunas personas que deberían evitar participar en un temazcal, principalmente las personas con problemas de corazón o de tensión arterial alta, los que padecen diabetes, así como tampoco las mujeres con embarazos de alto riesgo.

Fuente: Tlahuilcalli.