Al participante se lo observa despierto, ordenando y comprendiendo los conceptos. Su participación cumple con la consigna desde una postura ecuánime, serena y/o constructiva.

En esta instancia aún pueden aparecer algunos comentarios desde la certeza y quizá falte integrar más al resto del equipo para lograr un proceso armónico del conjunto. Pero va en camino hacia ello, declara el Dr Fabián Sorrentino en sus encuentros para Mentores.

El sociólogo suizo Philippe Perrenoud ve la postura reflexiva como parte del Habitus y declara que solamente un formador reflexivo puede formar mentores reflexivos, porque encarna globalmente lo que declara aplicando la reflexión de forma espontánea, en el curso de una pregunta, una apreciación, una discusión, tarea o cualquier producto del conocimiento.

A pesar de la importancia de este saber práctico, algunas universidades se resisten a integrarlo en su currículo dado que lo consideran un saber condicional en busca de conocimientos procedimentales, de un “saber hacer” de órden sistémico.

El “saber hacer” resulta de un entrenamiento

El análisis es un “saber hacer”, entendido en ese sentido. Pero no se desarrolla solo en función de la puesta en práctica de los saberes teóricos o procedimentales, sino que requiere de aprendizajes sobre la marcha, mediante ensayos y errores, que es cuando se da la integración de los saberes expresados en este gráfico:

La práctica reflexiva se aprende entonces en función del entrenamiento regular e intensivo, sin ser ella misma objeto de intensas regulaciones metacognitivas. Los trabajos sobre la metacognición, la decisión o la memoria resultan útiles para adquirir conciencia de nuestra forma de pensar y ganar disciplina.

Y desde ya entendemos que no alcanza el saber para la construcción de competencias, sino que se requieren esquemas de pensamiento acompañados de la acción y un conjunto de valores para transformar los habitus de las personas. En la formación de un practicante reflexivo, es necesaria una formación basada en la tríada: saberes-competencias-habitus.

Phillippe Perroud encuentra cuatro causas principales de la pérdida de sentido en la tarea educar:

1. En los debates y las luchas por los horarios y espacios de formación, los saberes se adjudican siempre la mejor parte, porque son defendidos por grupos de presión cuya influencia es determinada.

Los defensores de la práctica reflexiva son menos marginales en estos últimos años, pero no dan la talla para los grupos de presión de las disciplinas.

2. Una parte de los formadores universitarios no invierte nada en la formación para una práctica reflexiva por diversos motivos:
• No la comparten desde el punto de vista intelectual e ideológico.
• No son ellos mismos practicantes reflexivos
• Al estar obligados a transmitir el máximo de saberes, no se toman el tiempo para estimular la reflexión.
• Imaginan que la reflexividad se proporciona, que está contenida indirectamente en la capacidad abstracción o en una formación para la investigación.

3. No todos los formadores de campo se identifican con la figura del practicante reflexivo, aun colaboren con un programa de formación que ofrezca claramente esta orientación. Algunos niegan a «complicarse la vida» o piensan que la verdadera formación consiste en observar a practicante experimentado y en actuar como él.

4. A una parte de los estudiantes no le gusta reflexionar, prefieren absorber y reproducir los sabe eso que el oficio de alumno -que les ha conducido a la universidad- les ha acostumbrado a hacer plantearse demasiadas preguntas. Se resisten a una reflexión que les exige más implica personal (y de presencia) y les hace correr más riesgos, a su juicio, en el momento de la evaluación.

La reflexión en el contexto social

Es la capacidad de un agente para reconocer caminos que aporten transformación a las estructuras. En contextos con un bajo nivel de reflexividad aparece visible un mayor determinismo individual. Un nivel de reflexividad social alto conlleva a una identidad más sólida con menor necesidad de ponderar o copiar normas, gustos y deseos impuestos. Colaborando para el surgimiento de una mayor autonomía.

En esta institución concordamos que los saberes no movilizan más saberes, sino que es clave la acción para transformarnos. El desafío es entonces hacernos conscientes de los esquemas que utilizamos para movilizar los conocimientos y transformarlos, moldearlos, e utilizarlos conscientemente.