La palabra arrogancia proviene del latín arrogantia. En el siglo XII, en el antiguo francés, se utilizaba la forma “arrogance”. Su raíz latina es “arrogare”, que significa “reclamar para uno mismo, asumir”.

El participio presente de “arrogare” es “arrogans”, que se traduce como “asumir, arrogante, insolente”. Un sentimiento manifiesto de superioridad en cuanto a valor o importancia, combinado con desprecio hacia los demás1.

La etimología sugiere que originalmente podría haber sido un uso figurado de un verbo protoindoeuropeo que significaba literalmente “estirar la mano”, relacionado con la idea de «moverse en línea recta»2.

En cuanto a su significado, la arrogancia implica una actitud de orgullo excesivo y altanería, donde alguien se considera superior a los demás y menosprecia a quienes le rodean.

En la teoría de la neurosis de Karen Horney, la arrogancia es el producto de la compensación que ocurre en el ego por tener una autoimagen inflada. Por lo tanto la persona pretende ejercer los derechos que cree tener por la importancia que se atribuye a sí misma, basada en su autoimagen; mientras que los demás lo ven y reconocen por lo que es.

Este adjetivo por su parte, refiere a alguien altanero o soberbio. Por ejemplo: “El actor se paseó por las calles de la ciudad con su habitual arrogancia, sin responder a los saludos de sus admiradores”“Debes dejar la arrogancia de lado y admitir que te has equivocado”“La arrogancia no te llevará a ningún lado: te recomiendo estudiar para seguir mejorando”.

Puede considerarse la arrogancia como un defecto de la personalidad. El individuo arrogante siente un orgullo excesivo sobre su persona y exige un reconocimiento desmedido, creyéndose con derecho a tener privilegios que, en realidad, no tiene ni le corresponden.

Es importante diferenciar entre la arrogancia y la autoestima o la confianza en uno mismo. Tener una elevada autoestima o confiar en las capacidades personales de uno mismo no supone un defecto ni tiene connotación negativa; por el contrario, resulta saludable y beneficioso para la persona. La arrogancia es un exceso de dicho sentimiento.

El arrogante se atribuye una importancia desmedida basada en su autoimagen. Por lo tanto, actúa en consonancia con esa imagen distorsionada de sí mismo y quiere ejercer derechos que se atribuye en base a dicha supuesta importancia.

Imaginemos una entrevista con un escritor que acaba de publicar un libro. El autor podría mencionar que está muy contento con el resultado final de la obra, lo que refleja su buena autoestima. En cambio, si agrega que acaba de presentar “el mejor libro de la historia de la literatura nacional” o si comenta que “no existe otro escritor con mi talento”, demostrará su arrogancia.

ArroganciaLa arrogancia puede ser perjudicial tanto para quien la practica como para quien la recibe: a menos que existan intereses de por medio, ninguna persona desea estar cerca de un arrogante; por otro lado, las palabras hirientes que suelen desprenderse de esta forma de ser pueden marcar a ciertos individuos con baja autoestima y pronunciar sus falta de confianza en ellos mismos.

Es probable que la arrogancia surja de una o más carencias afectivas que deriven en un nivel excesivamente bajo de autoestima; ante la falta de protección y de apoyo por parte de los padres, por ejemplo, puede generarse un profundo miedo al fracaso y a decepcionar a los demás, que muchas veces se disimula a través de una personalidad de aparente amor propio, aunque de fondo no exista más que desprecio y asco por uno mismo, de culpa por creer que uno no ha sido suficiente como para recibir amor y para enorgullecer a sus mayores.

¿Qué esconde una persona que declara con total arrogancia que es la más inteligente de su grupo, o que su trabajo es insuperable? A lo largo de la historia, la mayoría de los grandes genios se han destacado por no ser conscientes de sus inconmensurables talentos y, por lo tanto, por no hacer mención de sus capacidades. Se suele decir que cuando alguien se siente conforme con su propia vida no necesita hacer alarde de sus logros ni de sus virtudes.

En pocas palabras, no parece incorrecto señalar que la arrogancia sea un complejo de superioridad que surge ante la necesidad de disimular un complejo de inferioridad. Esto nos lleva a pensar que una persona insegura de sí misma y una arrogante puedan tener experiencias pasadas muy similares, aunque finalmente hayan escogido caminos aparentemente opuestos: una se niega a enfrentar el dolor de haber sido despreciada, de no haber recibido el afecto y el apoyo suficientes por parte de sus mayores, mientras que la otra se condena a sí misma a repetir esas humillaciones cada vez que se relaciona con los demás.

Consecuencias de la arrogancia

La arrogancia puede tener efectos negativos tanto para la persona que la muestra como para su entorno. Algunas consecuencias comunes incluyen:

  1. Aislamiento social: Las personas arrogantes pueden alejar a los demás debido a su actitud superior y despectiva. Esto puede dificultar la formación de relaciones significativas y afectar la vida social.
  2. Conflictos interpersonales: La arrogancia puede provocar conflictos con amigos, familiares o colegas. Las personas pueden sentirse ofendidas o irritadas por la actitud arrogante y reaccionar negativamente.
  3. Fracaso en el trabajo o en estudios: La arrogancia puede llevar a la falta de colaboración, resistencia a recibir retroalimentación y dificultades para trabajar en equipo. Esto puede afectar el desempeño laboral o académico.
  4. Baja autoestima encubierta: A veces, la arrogancia es una máscara para ocultar una baja autoestima subyacente. Las personas pueden sobrecompensar mostrándose arrogantes para protegerse de sentirse inadecuadas.

Relación entre arrogancia y autoestima

  • La arrogancia y la autoestima están relacionadas, pero de manera inversa. Mientras que la autoestima saludable se basa en el reconocimiento genuino de nuestras habilidades y valía, la arrogancia se basa en una percepción inflada de uno mismo.
  • Las personas arrogantes a menudo tienen una autoestima frágil. En lugar de aceptar sus imperfecciones, recurren a la arrogancia como una forma de compensar sus inseguridades.
  • La autoestima saludable implica aceptarse a uno mismo con virtudes y defectos, mientras que la arrogancia implica negar los defectos y exagerar las virtudes.

Manifestaciones de la arrogancia en diferentes contextos sociales

  • En el trabajo: Los jefes o colegas arrogantes pueden menospreciar a otros, tomar decisiones unilaterales y no escuchar a los demás. Esto afecta la moral del equipo y la productividad.
  • En relaciones personales: Las personas arrogantes pueden ser condescendientes, interrumpir constantemente o menospreciar las opiniones de los demás. Esto dificulta la comunicación efectiva y la empatía.
  • En redes sociales: La arrogancia se manifiesta a través de publicaciones que presumen logros, exhiben superioridad o critican a otros. Esto puede generar reacciones negativas de la comunidad en línea.

Veamos cómo la arrogancia se aborda desde cada una de estas disciplinas

Psicología:

La psicología se centra en los aspectos mentales, emocionales y conductuales de la experiencia humana.

Desde esta perspectiva, la arrogancia se considera una actitud caracterizada por un sentimiento excesivo de superioridad y desprecio hacia los demás.

Los psicólogos estudian cómo se desarrolla la arrogancia, sus causas subyacentes (como la autoestima frágil) y sus consecuencias en las relaciones interpersonales1.

Ontología:

La ontología se ocupa de la naturaleza del ser y la existencia. En el contexto de la arrogancia, esto implica explorar qué significa ser arrogante y cómo se manifiesta esa actitud.

Desde una perspectiva ontológica, la arrogancia puede verse como una forma de autoafirmación. Las personas arrogantes pueden estar tratando de afirmar su valía o posición en el mundo.

La ontología también nos lleva a cuestionar si la arrogancia es una característica inherente al ser humano o si es una construcción social y cultural2.

Sociología:

La sociología examina la arrogancia en el contexto de las relaciones sociales y las dinámicas de poder.

La arrogancia puede manifestarse en diferentes contextos sociales, como el trabajo, las relaciones personales o las redes sociales.

En el ámbito laboral, por ejemplo, un jefe arrogante puede afectar la moral del equipo y la productividadEn las redes sociales, las publicaciones arrogantes pueden generar reacciones negativas de la comunidad en línea3.

Fuentes: Wikipedia 1scielo.org.co   2colegiodepsicologossj.com.ar   3scielo.org.co   4bing.com   5scielo.cl