¿cómo tu manera de ser te manipula… con gramática?

La identidad humana —esa cosa que defendemos como si fuera un tesoro único — en realidad funciona como un truco barato de verbos mal conjugados. Sí, verbos. Esos bichitos gramaticales que parecen inocentes pero que, si los mirás bien, son los verdaderos arquitectos de tu “yo”.

Porque nadie te avisa, pero tu identidad no la construís vos: la conjuga tu lenguaje.

🟦 1. El Infinitivo: el PowerPoint Motivacional del Ser

Todo empieza con el infinitivo. Ese momento glorioso donde uno dice:

“Voy a cambiar”  “Quiero ser mejor”  “Prometo dejar de hacer tal cosa”

El infinitivo es hermoso porque no compromete a nadie.
Es como el gimnasio en enero: pura intención, cero evidencia.

El infinitivo es la versión ontológica del “mañana empiezo”.

🟩 2. El Gerundio: la parte donde te das cuenta de que vivir cansa

Después viene el gerundio, ese tiempo verbal que te obliga a admitir que hacer algo implica… hacer algo.

“Estoy cambiando”  “Estoy aprendiendo”  “Estoy mejorando”

El gerundio es incómodo porque expone la verdad:
la identidad no se piensa, se suda.

Y acá aparece la primera paradoja: todos quieren ser, pero casi nadie quiere estar siendo.

🟧 3. El Participio: la estafa final

Cuando llegás al participio, ya está: el verbo te ganó.

“Soy cambiado”  “Estoy hecho”  “Lo tengo resuelto”

El participio es el tatuaje del lenguaje:
queda ahí, fijo, aunque vos ya no seas esa persona.

Y lo peor: la gente te lo recuerda.
“Pero si vos eras tan…”,
“Vos siempre fuiste…”

El participio es la cárcel semiótica del yo.

🟪 4. Los Pasados: la memoria que te manipula

Los pasados son la parte más divertida, porque son básicamente tu cerebro inventando excusas con estilo literario.

Pretérito imperfecto: “Yo era así” (pero no sé si quiero admitirlo)

Pretérito perfecto: “He cambiado” (pero no lo suficiente como para que se note)

Pretérito indefinido: “Cambié” (mentira: solo te cansaste un rato)

Los pasados son la prueba de que la identidad es un relato retroactivo. Primero actuás, después inventás por qué.

🟨 5. Los Futuros: la ficción que te sostiene

El futuro simple es el rey de la autoestafa:

“Cambiaré” “Haré” “Seré”

El futuro compuesto es directamente ciencia ficción:

“Habré cambiado”
(¿cuándo? ¿cómo? ¿con qué evidencia? silencio absoluto)

Y el condicional es la joya de la manipulación:

“Cambiaría, pero…”
Ese “pero” es el agujero negro donde mueren todas las identidades posibles.

🎯 Conclusión Ontológica:

La identidad no es un misterio profundo. Es un sistema de verbos haciendo cosplay de esencia.

  • El infinitivo promete.
  • El gerundio transpira.
  • El participio te encierra.
  • El pasado te justifica.
  • El futuro te miente.

Y vos, pobre mortal, creés que sos “vos”.

Pero en realidad sos una frase mal editada tratando de parecer coherente.

La buena noticia: si cambiás los verbos, cambia la identidad.
La mala noticia: nadie te enseña a conjugarlos sin manipularte.


Un desarrollo por el Dr. Fabian Sorrentino, para la Capa 4 de la ODC