Estudio de los mecanismos neurológicos que subyacen a la emoción y la regulan. Esto nos sirve para entender cómo podemos cultivar el bienestar y aliviar el sufrimiento humano.

Este campo interdisciplinario combina la neurociencia con el estudio psicológico de la personalidad, de las emociones, y del estado de ánimo.

La investigación científica ha demostrado claros beneficios de cultivar el bienestar en medidas de atención, autorregulación, empatía y comportamiento prosocial, dice Richard J. Davidson: Doctor en Neuropsicología y fundador del Centro de Investigación de Mentes Saludables en la Universidad de Wisconsin-Madison (Estados Unidos).

CEREBRO

En el Paper de Neurociencia Afectiva se da a comprender como los conflictos individuales y grupales alteran las propiedades biológicas, químicas y físicas dando lugar a diferentes circuitos neuronales de normalidad o patología. El entorno en el que vivimos incide en nuestra persona y esta, a su vez, influye en nuestra sociedad. Por lo tanto, en el estudio de la conflictología consideramos muy importante tener en cuenta los componentes neuropsicológicos individuales y/o contextuales necesarios para poder comprender y avanzar en la resolución de conflictos por vías no violentas. Tener conocimiento de las emociones humanas desde un punto de vista científico debería ayudar a entender las bases cerebrales que llevan al ser humano a comportarse de determinada manera. En este cuaderno tratamos de aproximarnos a las bases neurocientíficas que dan lugar a los conflictos, emociones, sensaciones y maneras de actuar del ser humano pretendiendo, asimismo, acercarnos a todos los que partiendo de una u otra disciplina tratamos de comprender al individuo dentro de un medio en el que entorno y persona construyen un sistema recíproco envuelto en un espacio que nos hace crecer y formar parte de una sociedad.

¿Qué son las emociones desde esta mirada?

Cualquier respuesta o reacción emocional consiste en tres tipos de componentes: el conductual, el autonómico y el hormonal. El componente conductual son las respuestas musculares y las posturas corporales adecuadas a la situación que produce la emoción. Es, por ejemplo, el conjunto de movimientos, gestos y palabras que una persona puede realizar cuando se siente atacada y adopta una actitud defensiva. Ese comportamiento es facilitado por respuestas de su sistema nervioso autónomo que movilizan la energía corporal necesaria para el mismo. Tales respuestas incluyen la activación del sistema nervioso simpático para aumentar la frecuencia cardíaca y el aporte de sangre a los músculos. Al mismo tiempo, las glándulas suprarrenales liberan hormonas que potencian esa movilización energética. La médula suprarrenal libera a la sangre adrenalina y noradrenalina, hormonas que incrementan aún más el flujo de sangre a los músculos y hacen que los nutrientes almacenados en estos últimos se conviertan en glucosa, el carbohidrato que se requiere como fuente de energía para la contracción muscular. Por su parte, las células de la corteza de las glándulas suprarrenales liberan a la sangre hormonas esteroides, como el cortisol, que contribuyen igualmente al aporte energético de glucosa a los músculos.

Las respuestas emocionales son producidas y controladas por la amígdala, un complejo de diferentes núcleos neuronales localizado en la parte anterior de cada uno de los lóbulos temporales del cerebro. La mayoría de las respuestas emocionales son aprendidas, siendo también la amígdala un lugar crítico donde tiene lugar el condicionamiento o asociación entre los estímulos o situaciones originalmente neutras y las circunstancias emocionales a las que quedan ligadas. De ese modo, un estímulo inicialmente neutro, como un tono acústico, puede ser asociado a una situación emocional, como una pequeña descarga eléctrica en la piel, gracias a la conjunción de las señales nerviosas de ambos estímulos que tiene lugar en las sinapsis de la amígdala basal y lateral.
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¿Y cuál es el papel de los sentimientos?

En los humanos la actividad fisiológica y conductual somática que acabamos de explicar puede ser captada por el propio cerebro consciente, particularmente por la corteza somatosensorial en el lóbulo parietal, y percibida en forma de sentimientos. Es decir, la conciencia permite al cerebro percibir el estado físico de su propio cuerpo emocionado, sentir, por así decirlo, sus propias reacciones emocionales, algo que hace además de una manera muy especial, pues no consiste en sentir cada uno de los componentes anteriormente mencionados de la respuesta emocional, sino en una percepción global, integrada y específica que invade la mente, en algo muy genuino y subjetivo que es lo que llamamos sentimiento. Además, como cada situación emocional provoca un patrón diferente de cambios somáticos, el cerebro los percibe también como sentimientos diferentes. El miedo, la sorpresa, el enfado, la tristeza o la alegría, no son otra cosa que sentimientos, es decir, experiencias que el cerebro produce basadas en la percepción consciente de los cambios fisiológicos que se están produciendo en el cuerpo emocionado.
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Áreas cerebrales, relacionadas con las emociones

Se piensa que las emociones están relacionadas con la actividad neuronal en ciertas áreas del cerebro que dirigen nuestra atención, motivan nuestro comportamiento y determinan el significado de lo que está ocurriendo a nuestro alrededor. El trabajo pionero realizado por Paul Broca (1878), James Papez (1937), y Paul D. MacLean (1952) sugiere que las emociones están relacionadas al grupo de estructuras en el centro del cerebro llamado el sistema límbico, el cuál contiene al hipotálamo, Giro cingulado, hipocampo, y otras estructuras.

Investigaciones han demostrado que las estructuras límbicas están directamente relacionadas con las emociones, pero se ha encontrado que las estructuras no límbicas tienen mayor relevancia emocional. Las siguientes estructuras cerebrales actualmente se piensa que están involucradas en las emociones.

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La emoción y la conciencia

¿Cómo ingresa la emoción en la conciencia? Ocurre cuando, en condiciones de laboratorio, se manipulan los estímulos de manera que éstos no sean percibidos concientemente. Por ejemplo, las palabras subliminales accederán más fácilmente a nuestra consciencia si éstas son emocionales que si no lo son. Esto también podemos verlo en pacientes que sufren de heminegligencia espacial. Este trastorno de la atención, causado normalmente por lesiones en el lóbulo parietal, se manifiesta en que los pacientes no pueden detectar objetos presentados en el espacio contrario a la lesión. Sin embargo, cuando estos objetos son estímulos con una carga emocional, los pacientes mejoran en la tasa de detección.

Algo similar ocurre en pacientes con ceguera cortical, cuya corteza visual primaria ha sido destruida tras una lesión. Estos pacientes niegan haber visto cualquier estímulo presentado en el área ‘ciega’ de su campo visual afectado. Sin embargo, si los estímulos son emocionales, los pacientes no sólo mejoran su detección (en este caso, afirman no ver los estímulos pero responden a ellos por encima del nivel esperado por azar), sino que, además, modifican su propia expresión facial o incluso emiten ciertas respuestas fisiológicas, a pesar de seguir sin ‘verlos’.

Entrenando la mente humana

El corpus más extenso de estrategias para entrenar a la mente humana proviene de tradiciones contemplativas que han existido por más de 2.500 años. Recientemente, la investigación científica moderna se ha utilizado para examinar el impacto del entrenamiento contemplativo y ha encontrado claramente que este tipo de entrenamiento puede cambiar la función del cerebro y la estructura del cerebro.

Compilado por Fabián Sorrentino. Fuentes: Wikipedia, Educación 3.0 y Judith Dominguez Borrás.

Paper de Neurociencia Afectiva: Eduard Vinyamata, Dr. Ignacio Morgado Bernal, Anne-Lenka Selinger, Dr. Carles Escera, María Hernández-Lorca, Dr. Àngel Cuquerella Fuentes, Dr. Diego Redolar Ripoll, Dr. Jaime Vila, Dr. Rashmi Gupta, Dra. Judith Domínguez-Borràs y Dr. Patrik Vuilleumier, Dra. Lana F. Morrow, Dra. Carmen García Sánchez