La Canción de David explora las características de una persona que disfruta la comunión con Dios en esta vida junto con siete facetas más de integridad. Considere cada una de ellas y vea el énfasis que esto tiene sobre las relaciones.

¿Quién disfruta de comunión con Dios?

1. El que no hace mal a su prójimo.
Un creyente lleno del Espíritu es leal y constante, no es veleidoso ni impredecible. No busca de manera consciente causar dificultad de los demás.

2. El que no hace agravio a su vecino.
La palabra hebrea que se utiliza aquí como reproche se refiere a una calumnia con la cual el se burla de los demás ya sea frente a ellos o cuando ellos no están. Cuando otras personas comienzan a hablar así, una persona íntegra rehúsa participar del mismo juego. Hay honestidad pero también hay gentileza (Gálatas 5: 22 -23) en su carácter.

3.  Es aquel ante cuyos ojos es menospreciado el vil.
El vil que se menciona aquí literalmente es una persona reprobada, alguien que no tiene ningún interés en las cosas espirituales. El creyente genuino que tiene una integridad firme discernirá el impacto que una persona así puede tener en su propio caminar con el Señor, y tratará de no asociarse con esa persona. “No se dejen engañar: ‘Las malas compañías corrompen las buenas costumbres’ ” (1 Corintios 15: 33). Si vamos a cultivar una amistad, que sea por causa del evangelio.

4. El que honra a los que respetan al Señor.
Al igual que la frase anterior, se refiere a nuestra elección de amigos; pero en este caso se refiere a aquellos con los que deberíamos buscar compañía. El creyente que camina con el Señor tiene una escala de valores determinada por sus principios bíblicos. Ya que tendemos a imitar a aquellos con los que nos rodeamos, necesitamos amigos cristianos.

5. El que, a pesar de haber jurado en perjuicio suyo, no por eso cambia.
Esto significa que cumplimos lo que prometemos, aun cuando mantener nuestra palabra se algo difícil de lograr. Esa palabra debe ser firme. El cristiano que tiene integridad tiene como meta seguir sus compromisos aun cuando éstos ya no sean convenientes o duelan.

6. El que no presta su dinero con usura.
De acuerdo con Deuteronomio 23: 19-20 y Levítico 25: 35-38, un judío tenía la obligación de no prestar dinero con intereses a otro judío necesitado. Él debía ayudarle de manera generosa y desinteresada. El creyente en Cristo que desea ayudar de manera financiera a otro hermano en Cristo debe hacerlo sin intereses. En otras palabras, que el amor sea su único motivo. No es necesario agregar que el discernimiento debe acompañar al amor porque si no terminaremos con mucho amor pero sin dinero. No todas las necesidades financieras entre los creyentes son una «necesidad». Algunas «necesidades» surgen a causa de un gasto descuidado.

7. El que no acepta soborno en contra del inocente.
El diccionario Webster define el soborno como: «dinero o favor concedido o prometido a una persona en una posición de confianza para pervertir su juicio o corromper su conducta».  Todos hemos leído acerca del conocido «tráfico de influencias». Ni siquiera Wall Street, ha quedado inmune de tal ardid. El punto del salmista es claro: una persona con integridad no caerá a ese nivel.

Afirmando el alma
¿Ha notado usted el constante énfasis en las relaciones? Se puede decir todas las características tienen que ver con ello. ¿Sugiere esto la correlación entre nuestro trato con los demás y nuestra comunión con Dios?

Desarrollado por Charles R. Swindoll – Fuente: Salmos 15. Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2014 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.