No puedes dar lo que no has recibido.

En un mundo que insiste en que “debemos amarnos primero” para poder amar a otros, el amor propio se ha convertido en una consigna omnipresente. Sin embargo, ¿y si ese mantra, por bien intencionado que sea, estuviera incompleto?.

El mito del amor propio: cuando el yo se desconecta del Origen

“Ámate a ti mismo”, “Tú eres tu prioridad”, “No puedes amar a nadie si no te amas a ti” son frases que se repiten como mantras en redes sociales, libros de autoayuda y discursos terapéuticos. Si bien estas expresiones nacen de la necesidad legítima de sanar el vínculo con uno mismo, también revelan una desconexión más profunda: hemos olvidado que el amor no nace del yo, sino del vínculo con lo que nos trasciende.

Autores como Erich Fromm y Wayne Dyer aportaron visiones poderosas:

El amor a los demás y el amor a uno mismo no son alternativas. Por el contrario, una actitud de amor hacia uno mismo se encontrará en todos los que sean capaces de amar a los demás.
Erich Fromm, El arte de amar

No puedes dar amor si no tienes amor dentro de ti.
Wayne Dyer

Estas afirmaciones, aunque valiosas, pueden sostener la ilusión de que somos la fuente de aquello que anhelamos. Desde una mirada ontológica, esa ilusión es el inicio de muchas frustraciones.

Cuando creemos que damos… pero damos desde la carencia

La mayoría de quienes llegan al amor propio lo hacen desde la herida: desde el agotamiento de haber dado demasiado, o desde la sensación de haberse olvidado de sí. Pero nadie puede dar lo que no tiene. Y si creemos haberlo dado todo, probablemente lo hacíamos desde la necesidad, esperando reconocimiento, pertenencia o aprobación.

Desde la Ontología de la Conciencia, desarrollada por Fabián Sorrentino, se nos invita a ir más allá del yo como centro para reconectarnos con una verdad más honda: el Amor Fundante.

El amor no se construye desde la carencia, sino que se recuerda desde el Origen.Ontología de la Conciencia

¿Qué es el Amor Fundante?

El Amor Fundante, llamado por otras culturas Amor Ágape,  es la certeza de que fuimos amados incluso antes de ser conscientes de nuestra existencia. Es la memoria de una elección originaria que no depende de logros, méritos o perfección. No es una construcción del ego ni una conquista del desarrollo personal. Es un estado ontológico: un “sí” existencial pronunciado sobre nosotros por la Vida misma.

Desde la perspectiva cristiana, este amor se expresa así:

No me elegiste tú a mí; yo te elegí a ti.Juan 15:16

Pero esta misma noción aparece en múltiples tradiciones. En el hinduismo, se reconoce como Prema (amor divino) que nos sostiene desde antes de nacer. En el sufismo, se expresa como el recuerdo (dhikr) de que fuimos creados por y para el Amor. Y en filosofías orientales como el taoísmo, se vive como la entrega a una Fuente que fluye a través de todo, sin esfuerzo.

Antes de que tú ames, ya fuiste amado.— Inspiración universal, resonante en múltiples caminos espirituales.

Este amor no se genera ni se merece: se recuerda y se habita. Solo entonces podemos dejar de exigirnos amarnos para poder amar, y comenzamos a amar desde la plenitud, no desde la necesidad.

 

Un giro para coaches, terapeutas y buscadores

Para quienes acompañamos procesos —como coaches, terapeutas o guías— este enfoque implica un cambio de eje: del yo como fuente, al Origen como raíz.

Reconocer que no somos autosuficientes no es debilitarnos, es re-humanizarnos. Porque estamos diseñados para el vínculo: con los otros, con la Tierra, con el Misterio que nos sostiene.

Ya no necesitamos “fabricarnos” amor. Sólo necesitamos recordar que somos canales, no el manantial.

 

Entonces… ¿Qué lugar ocupa el amor propio?

No se trata de negar la importancia del autocuidado, los límites sanos o la autoestima. Pero sí de colocarlos en su lugar justo: como consecuencia y no como causa.

Cuando reconectamos con el Amor Fundante:

  • El amor propio deja de ser una exigencia y se vuelve fruto.
  • Dejamos de buscarnos en el espejo, y comenzamos a reconocernos en la Fuente que nos habita.
  • Ya no amamos para llenar vacíos, sino para compartir lo que nos desborda.
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¿Cómo accedemos al Amor Fundante?

No es un camino que se recorra con frases bonitas ni con recetas prefabricadas. Es una práctica de presencia y rendición:

  • Volver al cuerpo como templo y escucha.
  • Silenciar la mente para oír una Voz más profunda que nuestros pensamientos.
  • Honrar el Misterio: llámalo Dios, Fuente, Vida, Conciencia, Espíritu.
  • Reconocer que no estás aquí para perfeccionarte, sino para recordar quién eres en verdad.

También nos acercamos a él, en la naturaleza, en la sabiduría ancestral de nuestros pueblos, en el silencio de una meditación profunda o en un gesto de amor gratuito. Porque el Amor Fundante está siempre, solo espera ser re-conocido.

 

Conclusión: Amar desde el Origen

El Amor Fundante no se logra, se revela. No es un destino, sino un regreso a casa. Y cuando lo habitamos, nuestra vida cambia:

  • Amamos sin posesión.
  • Servimos sin sacrificio.
  • Acompañamos sin imponer.
  • Nos entregamos sin miedo.

“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” no es una orden, sino una descripción de lo que naturalmente ocurre cuando habitamos el Amor Fundante.

Y ahora sí, retomemos la frase con la que comenzamos:

No puedes dar lo que no has recibido. Pero no porque no seas insuficiente, sino porque estás llamado a recordar de dónde vienes.

Desde la Ontología de la Conciencia, aprendida y compartida en el modelo desarrollado por Fabián Sorrentino, sabemos que no somos auto-generados. No somos la fuente de nuestro amor. Somos canales, no origen. Habitamos una estructura más amplia, una Conciencia que nos antecede, nos sostiene y nos invita a amar en totalidad.
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Referencias:

  • Sorrentino, Fabián. Ontología de la Conciencia – Modelo Educativo Transformacional. Sonria.com
  • Fromm, Erich. El arte de amar. 1956
  • Dyer, Wayne. Tus zonas erróneas. Harper, 1976
  • Lecturas ontológicas inspiradas en Juan 15:16 y Mateo 22:39
  • Miradas complementarias:
    • Rumi, El Masnavi
    • Lao Tse, Tao Te Ching
    • Upanishads, textos sagrados de la India
    • Kabir, poemas místicos
    • Thomas Hübl, Healing Collective Trauma