No es la primera vez que me cruzo con una cliente en la que percibo que confunde dos fases de conciencia que están en polos opuestos. Me refiero a confundir «una fase pasiva (-4) con una supuesta fase (+7) propia de la supraconciencia”, presentando negación y dependencias recurrentes.
Claramente esto la lleva a lo que podría interpretarse como una estrategia de “rendición” algo que la artista Sylvia Godfrey describe como «el Estado del Pez Muerto”.
Aclaro que la cliente está bajo medicación psiquiátrica para la ansiedad y que el objetivo es ofrecerle desde el coaching un marco seguro, clínico y colaborativo que combine una nueva evaluación neuropsicológica, con intervención terapéutica y coordinación para que ella pueda continuar con coaching, sin sustituir ni interferir con su tratamiento psiquiátrico e incluso con el equipo.
Nosotros como coaches no estamos a la altura de liderar semejante proceso de sanación, ni tenemos las credenciales para hacerlo, por lo cual sugiero una rápida derivación terapeutica y si vamos a continuar acompañando con coaching es necesario que tomemos conciencia desde una mirada interdisciplinaria.
Sin embargo es muy productivo saber que protocolo aplicaremos en esta etapa, así que procederé a detallarlo:
1 Objetivos del Protocolo
• Seguridad inmediata: descartar riesgo suicida, autolesión o descompensación aguda.
• Evaluación diferencial: distinguir entre fenómenos disociativos, evitativos, cognitivos o efectos secundarios de medicación.
• Intervención integrada: coordinar terapia clínica (psicoterapia) con sesiones de coaching, definiendo roles y límites.
• Restaurar capacidad de discernimiento: trabajar presencia, anclaje y tolerancia a la ambigüedad para que la paciente pueda diferenciar estados experienciales.
• Plan de seguimiento: monitoreo de síntomas, adherencia farmacológica y respuesta a intervenciones.
2 Evaluación inicial
2.1 Evaluación de riesgo y estado mental urgente, en 1–2 sesiones.
• Valoración de riesgo suicida/autoagresivo y riesgo para terceros; si hay riesgo inminente activar derivación a urgencias.
• Evaluación del estado mental: orientación, juicio, insight, afecto, pensamiento (contenido y forma), percepción (alucinaciones, desrealización), nivel de conciencia y capacidad de toma de decisiones.
2.2 Historia clínica y farmacológica
• Revisar medicación actual (dosis, inicio, efectos secundarios), historial psiquiátrico y adherencia; coordinar comunicación con psiquiatra tratante.
2.3 Evaluación neuropsicológica breve
• Pruebas breves de atención, memoria de trabajo, funciones ejecutivas y tolerancia a la ambigüedad; registro de reactividad autonómica (si es posible HRV o escala de activación).
2.4 Evaluación fenomenológica
• Mapear la experiencia subjetiva: cuándo aparece la “rendición”, qué la antecede, qué la mantiene, qué gana/pierde la paciente con ese estado; identificar narrativas de negación.
Evidencia de apoyo: protocolos de evaluación y tratamiento de crisis y ansiedad recomiendan priorizar evaluación de riesgo y mapeo funcional de síntomas como primer paso.
3 Intervención clínica (terapéutica) — fases y modalidades
3.1 Fase Aguda (si hay alta ansiedad, desregulación o negación intensa)
• Primeros auxilios psicológicos / contención breve: estabilización emocional, normalización de la angustia, técnicas de grounding y respiración; evitar confrontación que aumente negación.
3.2 Terapia Estructurada (preferible en paralelo con coaching)
• Terapia Cognitivo‑Conductual (TCC) focalizada en ansiedad y evitación: psicoeducación, exposición gradual a experiencias evitadas, reestructuración cognitiva y entrenamiento en tolerancia a la incertidumbre.
• Terapias de tercera ola (ACT, terapia basada en la mentalización) para trabajar aceptación, valores y flexibilidad psicológica cuando la “rendición” funciona como evitación.
• Intervención basada en trauma (si hay historia traumática) con enfoque gradual y seguro.
3.3 Intervención Neuropsicológica y Somática
• Entrenamiento en regulación autonómica (respiración, HRV biofeedback si disponible), prácticas de anclaje somático y ejercicios de presencia para distinguir estados internos (vinculado a Maestría 4).
3.4 Coordinación con Coaching
• Definir roles claros: terapeuta responsable de diagnóstico, manejo clínico y psicoterapia; coach responsable de diseño de micro‑experimentos y acompañamiento en objetivos funcionales, siempre con consentimiento informado y límites.
• Establecer canal de comunicación entre profesionales (con autorización escrita de la paciente) para sincronizar objetivos y evitar intervenciones contrapuestas.
Evidencia de apoyo: TCC y protocolos estructurados son eficaces para trastornos de ansiedad; primeros auxilios psicológicos son recomendados en crisis iniciales.
4 Plan de seguridad y manejo de crisis
• Plan de seguridad escrito: señales de alarma personales, estrategias de afrontamiento inmediatas (grounding, respiración, contacto de apoyo), pasos a seguir si empeora (contacto psiquiatra, servicios de urgencia).
• Señales de derivación urgente: ideación suicida activa, plan y acceso a medios, descompensación psicótica, incapacidad para autocuidarse. En esos casos, derivar a urgencias o psiquiatría de guardia.
• Monitoreo farmacológico: coordinar con psiquiatra ante cambios de dosis, efectos adversos o sospecha de iatrogenia. Nunca suspender medicación sin supervisión médica.
• Registro de incidentes: documentar episodios de “rendición” y negación, contexto, duración y respuesta a intervenciones.
5 Protocolo operativo de colaboración coach‑terapeuta (práctico)
1. Consentimiento informado compartido: la paciente firma autorización para intercambio mínimo de información clínica entre profesionales.
2. Reunión inicial interdisciplinaria (30–45 min): acordar objetivos, límites, frecuencia de comunicación y señales de alarma.
3. Plan de trabajo conjunto: terapeuta define prioridades clínicas; coach diseña micro‑experimentos compatibles; ambos acuerdan indicadores observables y calendario de revisión.
4. Revisiones periódicas: cada 2 semanas (o según gravedad) para ajustar intervenciones; documentar cambios y aprendizajes.
5. Criterios de suspensión o derivación: si la paciente muestra empeoramiento, falta de insight, o riesgo, el coach suspende intervenciones y prioriza derivación clínica.
6 Seguimiento, criterios de éxito y documentación
• Indicadores de progreso: reducción de síntomas de ansiedad (escala breve), aumento de tolerancia a la ambigüedad, capacidad de distinguir estados experienciales, cumplimiento de micro‑experimentos y mejor insight.
• Criterios de derivación o intensificación: persistencia de negación que impide tratamiento, efectos adversos de medicación, ideación suicida o incapacidad funcional.
• Documentación: notas clínicas separadas (terapeuta) y de coaching; registro de consentimientos y comunicaciones; plan de seguridad accesible.
• Duración estimada: fase aguda 2–6 semanas; terapia estructurada 12–20 sesiones según respuesta; coordinación continua mientras persista riesgo o medicación.
7 Consideraciones éticas y límites profesionales
• No sustituir prescripción: el coach no modifica ni aconseja sobre medicación; cualquier cambio lo decide el psiquiatra.
• Confidencialidad y consentimiento: obtener autorización explícita para compartir información entre profesionales.
• Límites de práctica: si la paciente requiere intervención médica o psiquiátrica urgente, priorizar derivación.
• Cuidado con etiquetas: evitar diagnósticos definitivos fuera del ámbito clínico; usar formulaciones funcionales y observables.
No es posible diagnosticar de forma concluyente estos casos, a menos que seas un psicoterapeuta o psiquiatra; sin embargo hay indicios compatibles con ansiedad y síntomas depresivos, y también señales que requieren explorar fenómenos disociativos/evitativos y efectos secundarios de medicación. La hipótesis diagnóstica debe confirmarse mediante evaluación clínica estructurada, escalas validadas y, si procede, pruebas complementarias y coordinación con el psiquiatra tratante.
1 Señales que orientan hacia un diagnóstico posterior
- Trastorno de ansiedad (GAD, ataques de pánico u otro)
- Signos: preocupación excesiva, inquietud, dificultad para relajarse, síntomas somáticos (palpitaciones, tensión), evitación; inicio y curso crónico o episódico. El GAD‑7 es una herramienta útil para cribado y seguimiento; puntajes ≥10 sugieren ansiedad moderada a severa.
- Trastorno depresivo mayor / síntomas depresivos
- Signos: ánimo bajo, anhedonia, cambios en sueño/apetito, fatiga, sentimientos de inutilidad, ideación suicida. El PHQ‑9 es estándar para cribado y cuantificación; puntajes ≥10 indican depresión moderada y requieren evaluación clínica.
- Fenómenos disociativos / evitación extrema (p. ej., “rendición” como estrategia)
- Signos: desconexión de la experiencia, confusión entre estados de conciencia, negación persistente, uso de “rendición” como mecanismo para evitar malestar. Explorar presencia de desrealización, despersonalización o episodios de pérdida de tiempo.
- Efectos de medicación o interacción
- Signos: aparición o cambio de síntomas tras inicio o ajuste de fármacos; somnolencia, embotamiento cognitivo, desregulación afectiva. Revisar historial farmacológico y coordinar con psiquiatra para descartar iatrogenia.
- Otras consideraciones
- Trastorno por estrés postraumático, trastorno de la personalidad, abuso de sustancias, condiciones médicas (hipertiroidismo, arritmias) que pueden mimetizar ansiedad o depresión; investigar según historia y examen clínico.
Los puntos de corte GAD-7 ≥10 y PHQ-9 ≥10 provienen de los estudios de validación original de ambos instrumentos y son ampliamente utilizados en guías clínicas como umbrales para identificar sintomatología clínicamente significativa que amerita evaluación profesional y plan de intervención, sin constituir por sí mismos un diagnóstico.
2 Plan de evaluación recomendado (prioritario y práctico)
- Evaluación de riesgo inmediato: ideación suicida, plan, acceso a medios; si existe riesgo, activar derivación urgente.
- Entrevista clínica estructurada: historia psiquiátrica, curso temporal, factores precipitantes, funcionalidad, consumo de sustancias, adherencia y efectos de medicación.
- Cribado estandarizado: aplicar GAD‑7 y PHQ‑9 para cuantificar gravedad y monitorizar respuesta.
- Evaluación neuropsicológica breve: atención, memoria de trabajo y funciones ejecutivas si hay quejas cognitivas o sospecha de iatrogenia.
- Evaluación fenomenológica: mapear cuándo aparece la “rendición”, su función (qué evita/obtiene), y la experiencia subjetiva (desrealización, disociación).
- Pruebas médicas básicas: TSH, hemograma, toxicológico si procede, para descartar causas médicas de síntomas ansiosos/depresivos.
- Coordinación con psiquiatra: revisar medicación, efectos adversos y plan farmacológico; documentar consentimiento para comunicación interdisciplinaria.
3 Criterios operativos para diferenciar (guía práctica)
- Si GAD‑7 ≥10 → fuerte indicación de trastorno de ansiedad que requiere intervención estructurada y seguimiento. Fuente: Spitzer, R. L., Kroenke, K., Williams, J. B. W., & Löwe, B. (2006). “A brief measure for assessing generalized anxiety disorder: The GAD-7”.
- Si PHQ‑9 ≥10 → indicación de depresión moderada a severa que amerita evaluación clínica y plan terapéutico. Basado en criterios DSM.
- Predominio de desconexión, confusión entre estados y negación persistente → priorizar evaluación de disociación y funciones de afrontamiento; considerar abordaje psicoterapéutico focalizado en presencia y grounding.
- Inicio o cambio tras ajuste farmacológico → sospechar efecto iatrogénico; coordinar con psiquiatra antes de modificar medicación.
- Combinación de síntomas severos + riesgo → derivación urgente a servicios clínicos/psiquiátricos.
Es importante distinguir entre estas dos herramientas: el DSM-5 / CIE-11 → define criterios diagnósticos categoriales, mientras el GAD-7 y el PHQ-9 → son instrumentos dimensionales de cribado y seguimiento para la ansiedad y la depresión.
4 Intervenciones iniciales y recomendaciones prácticas (mientras se evalúa)
- Seguridad: plan de seguridad escrito, contactos de emergencia y señales de alarma.
- Contención y regulación: técnicas de grounding, respiración diafragmática, ejercicios de anclaje somático y prácticas de presencia (Maestría 4) para distinguir estados.
- Psicoterapia: priorizar TCC para ansiedad y depresión, ACT o terapias basadas en mentalización si hay evitación/rigidez; terapia focalizada en trauma si corresponde.
- Coordinación farmacológica: mantener comunicación con psiquiatra; no suspender medicación sin supervisión médica.
- Reducción de daño: si la persona rechaza medicación por creencias (p. ej., Dianética), negociar alternativas seguras (psicoterapia intensiva, monitoreo frecuente, plan de crisis) y documentar acuerdos.
- Registro y seguimiento: usar GAD‑7/PHQ‑9 periódicamente para medir cambio; revisar cada 1–2 semanas en fase aguda.
¿Y que podemos hacer cuando una persona no acepta el tratamiento psiquiatrico?
En este caso si la clienta estaba en tratamiento, pero cuando una persona rechaza o se resiste a realizar o continuar con un tratamiento psiquiátrico a pesar de estar en riesgo o presentar síntomas significativos, enfrentamos un desafío complejo que involucra autonomía, resistencia, miedo y significado personal. Mi sugerencia es no es forzar, sino acompañar con responsabilidad ética, respetando la subjetividad del otro y ofreciendo marcos de trabajo que promuevan comprensión, integración y sentido sin confrontar ni minimizar su experiencia interna.
En este artículo revisamos tres caminos de abordaje. Los dos primeros son métodos unicos: El Método Renace y la Dianética, mientras el 3ro es una metodología integrativa: la Ontología de la Conciencia.
El Método RENACE resulta muy respetuoso de la autonomía de nuestro cliente y nace como una herramienta de transformación integral basada en principios que integran identidad, sentido y renovación personal en un marco de fe, valores y reconstrucción interna. Aunque no se propone como sustituto del tratamiento clínico, sino como un acompañamiento que ayuda a la persona a encontrar sentido, identidad personal y fuerza interior, funciona muy bien con personas que están profundamente afectadas cuando alguien rechaza la intervención psiquiátrica.
Revisemos algunos beneficio de Aplicar este Método
1. Restauración de identidad y sentido profundo
Enfatiza la reconstrucción de la identidad desde una perspectiva integradora, sustentada en la idea de que la persona no es simplemente un conjunto de síntomas, sino un ser con propósito y significado. Esto puede ayudar a quienes rechazan la psiquiatría a recuperar una narrativa coherente de sí mismos sin invalidar su sufrimiento.
2. Integración emocional y espiritual
Un eje del método es la reprogramación de creencias y la restauración de la confianza en un plan mayor de vida y de sentido, lo que puede favorecer la regulación emocional y la apertura a nuevos recursos internos sin imponer una visión única.
3. Promoción de autonomía con acompañamiento
Al centrar el trabajo en habilidades para la auto-observación, discernimiento y toma de decisiones conscientes, RENACE ofrece un marco donde la persona puede explorar sus resistencias sin sentirse juzgada o presionada a aceptar un tratamiento que percibe como alienante.
4. Reencuadre del sufrimiento como parte de un proceso de crecimiento
El método trabaja con la idea de que los momentos de crisis pueden ser puntos de inflexión hacia una nueva integración personal, ayudando a resignificar dolor y miedo sin negar la necesidad de intervenciones formales cuando estas son necesarias.
Ahora exploremos Dianética: una propuesta alternativa de carácter secular
Esta disciplina sostiene una postura fuertemente crítica hacia la psiquiatría y los tratamientos farmacológicos; esa posición tiene raíces históricas, filosóficas y organizativas que la diferencian radicalmente del paradigma biomédico contemporáneo.
Comprender esa mirada exige tanto conocer su genealogía como evaluar riesgos y diseñar estrategias clínicas y de acompañamiento que respeten la autonomía del paciente sin abandonar la obligación ética de reducir daño y garantizar seguridad.
1. Breve análisis fundamentado sobre Dianética y la oposición a la psiquiatría
- Origen y premisas: Dianética, formulada por L. Ron Hubbard en 1950, propone técnicas y una cosmovisión que prometen “claridad mental” mediante procedimientos no médicos; con el tiempo parte de esa doctrina se institucionalizó en Scientology y desarrolló una crítica sistemática a la psiquiatría moderna.
- Críticas académicas e históricas: la literatura académica y revisiones históricas muestran que las afirmaciones de Dianética carecen de respaldo empírico robusto y que la relación entre Scientology y la psiquiatría ha sido conflictiva, con episodios públicos y casos que han generado controversia y preocupación ética.
- Riesgos prácticos: la desconfianza absoluta hacia la psiquiatría puede llevar a rechazar tratamientos efectivos (p. ej., antidepresivos, ansiolíticos, intervenciones agudas) y a priorizar prácticas no validadas, lo que en algunos casos ha derivado en empeoramiento clínico o eventos adversos documentados en la literatura crítica.
Fuentes: revisiones periodísticas y académicas sobre Dianética/Scientology y su relación con la psiquiatría.
2. Principios clínicos para abordar a personas con esa cosmovisión
- Respeto y no confrontación: la postura dogmática suele reforzarse con confrontación; es más eficaz explorar motivos, experiencias previas y miedos que llevaron a la desconfianza.
- Harm‑reduction (reducción de daño): priorizar la seguridad y la funcionalidad por encima de “convencer” sobre modelos teóricos.
- Colaboración y autonomía informada: ofrecer información clara, comprensible y basada en evidencia, y negociar pasos que la persona acepte.
- Transparencia y límites: dejar explícito el rol profesional (terapeuta, coach, médico) y cuándo es necesaria la derivación o intervención médica.
- Cultural competence: reconocer que las creencias sobre salud mental están enmarcadas en valores, experiencias y comunidades; tratarlas con sensibilidad cultural.
(No sustituir ni contradecir decisiones médicas sin coordinación; siempre documentar consentimientos y límites).
3. Protocolo práctico (pasos operativos para terapeuta / coach)
Paso 1 — Evaluación inicial y seguridad
Evaluar riesgo suicida/autoagresión, capacidad de autocuidado y funcionamiento diario. Si hay riesgo, priorizar medidas de seguridad y derivación urgente. (Sin juicio, con claridad sobre límites de confidencialidad).
Paso 2 — Mapear la creencia
Explorar cómo la persona llegó a su postura (experiencias personales, fuentes de información, daños percibidos), qué gana y qué pierde con esa creencia, y qué condiciones la sostienen.
Paso 3 — Psicoeducación colaborativa
Ofrecer información basada en evidencia sobre diagnóstico, opciones terapéuticas y efectos secundarios de forma neutral y comprensible; usar metáforas y ejemplos prácticos; preguntar qué información sería útil para la persona.
Paso 4 — Negociar un plan de cuidado compatible
Si la persona rechaza medicación, negociar alternativas seguras (psicoterapia estructurada, intervenciones somáticas, monitoreo frecuente, plan de crisis). Si acepta, coordinar con psiquiatra. Registrar acuerdos por escrito.
Paso 5 — Estrategias de reducción de daño
Establecer plan de seguridad, señales de alarma, contactos de emergencia y pasos concretos si empeora. Entrenar en técnicas de regulación (grounding, respiración, anclajes somáticos) y en registro de síntomas.
Paso 6 — Coordinación interdisciplinaria con consentimiento
Con autorización escrita, comunicar con otros profesionales (psiquiatra, médico) para alinear objetivos y evitar contradicciones. Si la persona se niega, documentar y mantener límites claros.
Paso 7 — Revisión y ajuste
Revisiones periódicas (p. ej., cada 1–2 semanas al inicio) para evaluar riesgo, adherencia a acuerdos y efectividad de alternativas; ajustar plan según evidencia y seguridad.
4. Técnicas comunicacionales y herramientas útiles
- Motivational Interviewing: explorar ambivalencias sin confrontación; reforzar la autonomía y el cambio gradual.
- Psychoeducation breve y compartida: “¿Qué te gustaría saber sobre X para sentirte más seguro?”; ofrecer folletos o sesiones cortas centradas en efectos y alternativas.
- Harm‑reduction scripting: acordar pasos mínimos (p. ej., mantener contacto con un profesional, no suspender medicación sin supervisión médica).
- Registro funcional: anotar cuándo aparece la desconfianza, qué la antecede y qué consecuencias tiene, para convertir creencias en datos observables y negociables.
5. Consideraciones éticas y legales
- Autonomía vs. beneficencia: respetar decisiones informadas, pero intervenir si hay riesgo inminente.
- Consentimiento para intercambio de información: obtener autorización explícita antes de comunicar con terceros.
- No imposición de creencias: evitar descalificar; documentar claramente límites profesionales y acciones tomadas.
- Derivación obligatoria: si la persona rechaza tratamiento y hay riesgo grave, activar protocolos locales de protección y emergencia.
6. Recomendaciones prácticas para equipos mixtos (coaches + clínicos)
- Establecer protocolos de coordinación y formular un plan de contingencia compartido.
- Mantener roles claros: el clínico aborda diagnóstico y manejo de riesgo; el coach apoya objetivos funcionales y micro‑experimentos compatibles con la seguridad.
- Priorizar documentación y consentimientos para proteger al paciente y al equipo.
- Ofrecer opciones terapéuticas basadas en evidencia (TCC, ACT, terapias somáticas) como alternativas válidas para quienes rechazan medicación.
Referencias seleccionadas sobre Dianética
- Reseña crítica y contexto histórico sobre Dianética y su impacto cultural.
- Relación histórica y controversias entre Scientology y la psiquiatría, con ejemplos documentados.
- Análisis académico sobre las posiciones de L. Ron Hubbard respecto a la psiquiatría y sus implicaciones históricas.
A continuación te voy a compartir la tercer forma de abordaje desde un caso que personalmente abordé días atrás, para que les sirva de ejemplo:
Caso clínico ilustrativo
Paciente: X (nombre preservado)
Edad: adulta joven (+40 – Imágen puramente ilustrativa)
Estado actual: bajo tratamiento psiquiátrico por ansiedad
Metodología de Abordaje: Ontología de la Conciencia
Motivo de consulta (formulado por la cliente):
“Siento que ya me rendí… y eso debería ser algo elevado, espiritual, pero a la vez todo está cada vez más apagado. Estoy aquí más que por eleccion propia, por la presión de mi familia”
Motivo de derivación al protocolo ODC
X llega al espacio de coaching manifestando una narrativa persistente de “entrega”, “soltar” y “rendición”, que ella interpreta como señales de haber alcanzado un estado de conciencia superior, cercano a lo que describe como supraconsciencia. Sin embargo, en la observación clínica y fenomenológica inicial, se evidencia una confusión estructural entre dos fases de conciencia opuestas:
- Una fase pasiva profunda (–4) caracterizada por:
- desconexión afectiva
- reducción de la iniciativa
- embotamiento emocional
- dependencia externa
- negación del conflicto
- Y una atribución cognitiva ilusoria de fase (+7), sostenida más como defensa narrativa que como estado experiencial integrado.
Esta confusión genera un cuadro que funcionalmente coincide con lo que Syl Godfrey denomina “Estado del Pez Declarado Muerto”: una rendición sin presencia, más cercana a la renuncia que a la trascendencia.
Formulación desde la ODC (hipótesis de trabajo)
Desde la Ontología de la Conciencia, el caso de X se conceptualiza como:
Un colapso del discernimiento de fase, donde una vivencia pasiva de desconexión es resignificada simbólicamente como logro espiritual, evitando así el contacto con el dolor, la ansiedad y la responsabilidad activa de la experiencia.
En términos operativos:
- La conciencia no asciende, sino que se retira.
- La narrativa de supraconciencia funciona como anestesia semántica.
- La negación no es ingenua, sino adaptativa frente a una ansiedad que X no logra tolerar.
Evaluación inicial (resumida)
1. Seguridad y estado mental
No se detecta ideación suicida activa en el momento de la evaluación, pero sí:
- apatía marcada
- pensamientos de inutilidad
- dificultades para proyectar futuro
- Se define riesgo moderado, lo que activa un protocolo de seguimiento cercano.
2. Evaluación fenomenológica
Al explorar la experiencia subjetiva de la “rendición”, X describe:
- sensación de vacío
- alivio momentáneo al “no decidir”
- temor intenso a “volver a sentir demasiado”
Esto confirma que la rendición precede al alivio, y no al revés, lo que descarta un estado integrativo superior.
3. Evaluación funcional
- Disminución del autocuidado
- Postergación de decisiones relevantes
- Dependencia creciente del entorno y de figuras de sostén
Intervención definida (desde un marco integrado)
1. Decisión ética inicial
Se establece con claridad que:
- El coaching no puede ni debe liderar el proceso de sanación clínica.
- Se realiza derivación terapéutica inmediata, con consentimiento informado para coordinación interdisciplinaria.
- El coaching continúa solo como acompañamiento complementario, bajo límites estrictos.
2. Objetivo central del acompañamiento desde ODC
Restaurar la capacidad de distinguir estados de conciencia, sin forzar ascensos, ni confrontar la narrativa defensiva de forma directa.
El foco no fue “sacar a X del –4”, sino:
- volverlo visible
- nombrarlo
- habitarlo con presencia mínima
Intervenciones clave desde la ODC
- Trabajo de Maestría 4:
Ejercicios de anclaje, presencia corporal y observación sin interpretación, para que X pudiera reconocer la diferencia entre:- “no sentir”
- y “sentir sin desbordarse”.
- Desmontaje progresivo de la narrativa de supraconciencia
No mediante confrontación, sino a través de preguntas fenomenológicas:“¿Qué capacidad concreta te devuelve este estado?”
“¿Qué decisiones quedan suspendidas cuando estás ahí?” - Reintroducción de micro-actos de agencia
Acciones pequeñas, deliberadas, no heroicas, orientadas a reactivar eficacia sin activar ansiedad.
Resolución del caso (estado actual)
Tras varias semanas de trabajo coordinado:
- X logra reconocer explícitamente que su estado no era supraconsciente, sino una fase pasiva de protección.
- Disminuye la idealización de la rendición como “logro espiritual”.
- Aumenta su tolerancia a estados intermedios de ambigüedad.
- Se observa:
- mayor presencia
- leve recuperación de iniciativa
- mejor insight sobre su ansiedad
La confusión entre fases comienza a desarmarse, no por corrección intelectual, sino por experiencia directa diferenciada.
Próximos pasos definidos para el acompañamiento
- Continuar psicoterapia clínica como eje principal, con monitoreo farmacológico coordinado.
- Mantener el coaching en baja frecuencia, enfocado exclusivamente en:
- discernimiento de estados
- micro-experimentos funcionales
- integración de aprendizajes
- Reevaluaciones periódicas interdisciplinarias, con criterios claros de suspensión del coaching si reaparece:
- negación rígida
- confusión de fase
- aumento de riesgo
- Profundizar el trabajo en presencia (Maestría 4) antes de cualquier intento de proyección o propósito elevado.
Nota epistemológica final
Sobre los límites del coaching ante la confusión de fases de conciencia y la presencia de sufrimiento psíquico
Este caso ilustra un principio central de la ODC: No toda rendición es trascendencia. Y no toda quietud es conciencia elevada. Confundir fases opuestas no es un error moral ni intelectual, sino un fenómeno clínico-ontológico, que exige humildad profesional, mirada interdisciplinaria y límites éticos claros.
1. Propósito de esta nota
Esta nota tiene como objetivo orientar éticamente la práctica del coaching cuando el coach se encuentra con clientes que presentan confusión entre fases de conciencia, especialmente cuando una fase pasiva profunda es interpretada erróneamente como un estado elevado o supraconsciente, y coexisten síntomas clínicos que exceden el alcance del coaching.
El caso de la cliente X ilustra un riesgo frecuente: confundir la rendición defensiva con trascendencia, y legitimar esa confusión desde discursos motivacionales, espirituales o de desarrollo personal. (La imagen es puramente ilustrativa).
Para guiarte en las distintas fases de la conciencia te recomiendo el análisis de este cuadro:
La informacion de este cuadro se profundiza en este artículo.
2. Principio rector: no confundir acompañamiento con conducción clínica
El coaching no es un dispositivo de tratamiento clínico, ni el coach está habilitado —ni ética ni legalmente— para:
- diagnosticar,
- interpretar síntomas psiquiátricos,
- conducir procesos de sanación psíquica profunda,
- ni intervenir sobre medicación o tratamientos médicos.
Cuando el sufrimiento del cliente afecta su capacidad de discernimiento, agencia o autocuidado, el rol ético del coach no es profundizar el proceso, sino detener, derivar y coordinar.
Acompañar no es liderar.
Sostener no es dirigir.
Escuchar no es intervenir clínicamente.
3. Riesgo ético específico: la idealización de estados pasivos
Uno de los riesgos más delicados en el coaching contemporáneo es romantizar estados de desconexión, apatía o renuncia, presentándolos como:
- “soltar el ego”
- “rendirse al proceso”
- “dejar que el universo actúe”
- “conciencia superior”
Desde la ODC, esta confusión constituye un error ontológico con consecuencias prácticas graves:
- refuerza la evitación,
- legitima la negación del conflicto,
- debilita la agencia del cliente,
- y puede agravar cuadros de ansiedad, depresión o disociación.
El coach tiene la responsabilidad ética de no validar narrativas que anestesian la conciencia, aun cuando suenen espiritualmente atractivas.
4. Señales de alarma que exigen derivación
El coach debe suspender el trabajo habitual y activar derivación clínica cuando observe:
- confusión persistente entre estados de conciencia opuestos,
- negación rígida del malestar,
- dependencia creciente del acompañamiento,
- pérdida de iniciativa o autocuidado,
- discurso espiritualizado que evita el contacto con la experiencia,
- o uso del coaching como sustituto de tratamiento clínico.
En estos casos, continuar interviniendo sin coordinación clínica constituye una falta ética.
5. Derivación no es abandono: es responsabilidad profesional
Derivar a un profesional clínico no implica abandonar al cliente, sino:
- reconocer los límites del propio rol,
- proteger la seguridad del cliente,
- y sostener una práctica madura y responsable.
El coaching puede continuar solo si:
- existe un tratamiento clínico activo,
- hay consentimiento informado,
- y los roles están claramente definidos.
En ausencia de estas condiciones, la continuidad del coaching puede transformarse en daño.
6. Rol ético del coach en contextos interdisciplinarios
Cuando el coaching se integra a un abordaje más amplio, su función ética es:
- trabajar con objetivos funcionales y observables,
- diseñar micro-experimentos de agencia segura,
- acompañar procesos de discernimiento experiencial,
- sin interferir ni competir con la intervención clínica.
El coach no corrige al terapeuta, no reemplaza al psiquiatra, no redefine el tratamiento.
7. Humildad profesional como competencia central
El caso de X nos recuerda una verdad incómoda pero esencial:
Hay procesos que no nos necesitan como coaches.
Y reconocer eso también es maestría.
La humildad profesional, la capacidad de decir “hasta acá”, y la disposición a trabajar en red, no son debilidades:
son criterios de excelencia ética.
8. Cierre
La Ontología de la Conciencia no amplía el poder del coach sino que afina su discernimiento. Y ese discernimiento, en contextos de sufrimiento psíquico, se expresa así:
«Menos intervención, más límites, más coordinación, y un profundo respeto por la complejidad del ser humano».
Un desarrollo del Dr. Fabián Sorrentino para el desarrollo de la ODC como epistemología justificada.












