La bioética es una disciplina que estudia los aspectos éticos de las ciencias de la vida y de la salud, con el fin de promover el respeto a la dignidad humana, los derechos humanos, la justicia y la solidaridad4. Desde este enfoque, podemos abordar la soledad, teniendo en cuenta los principios, valores y virtudes propuestos en la Ontología de la Conciencia, con el fin de orientar la acción moral, en el ámbito de la vida y la salud.

En primer lugar, se puede abordar la soledad desde el principio de autonomía, que implica el respeto a la capacidad de las personas para tomar decisiones libres e informadas sobre su propia vida, de acuerdo con sus planes, proyectos y preferencias5. Esto significa que se debe reconocer el derecho de las personas a elegir su forma de vida, su grado de sociabilidad, su nivel de intimidad y su modo de afrontar la soledad, siempre que no dañen a otros ni a sí mismos. Así, se debe evitar la imposición de modelos de vida, de relaciones o de intervenciones que no respeten la voluntad de las personas solitarias.

En segundo lugar, se puede abordar la soledad desde el principio de beneficencia, que implica el deber de hacer el bien y evitar el mal a las personas, especialmente a las más vulnerables5. Esto significa que se debe promover el bienestar de las personas solitarias, ofreciéndoles apoyo, acompañamiento, cuidado, atención, afecto y comprensión, de acuerdo con sus necesidades y deseos. Así, se debe favorecer la creación de redes de apoyo social, familiar y comunitario, que faciliten la integración, la participación y la comunicación de las personas solitarias.

En tercer lugar, se puede abordar la soledad desde el principio de no maleficencia, que implica el deber de no hacer daño ni perjudicar a las personas, ni por acción ni por omisión5. Esto significa que se debe evitar el abandono, la indiferencia, la discriminación, el rechazo, la violencia, el abuso o la explotación de las personas solitarias, que puedan agravar su situación o generarles sufrimiento. Así, se debe proteger los derechos y la seguridad de las personas solitarias, denunciando y previniendo cualquier forma de maltrato o vulneración.

En cuarto lugar, se puede abordar la soledad desde el principio de justicia, que implica el deber de dar a cada uno lo que le corresponde, según criterios de equidad, igualdad y proporcionalidad5. Esto significa que se debe garantizar el acceso de las personas solitarias a los recursos y servicios que les permitan satisfacer sus necesidades básicas, como la salud, la educación, la vivienda, el trabajo, la cultura, el ocio, entre otras. Así, se debe reducir las desigualdades y las brechas sociales que puedan generar o acentuar la soledad de las personas.

En quinto lugar, se puede abordar la soledad desde el valor de la solidaridad, que implica el compromiso de compartir y colaborar con los demás, especialmente con los más necesitados, para mejorar las condiciones de vida y de salud de todos6. Esto significa que se debe fomentar la participación y la cooperación de las personas solitarias en proyectos y actividades que les permitan contribuir al bien común, al desarrollo humano y a la transformación social. Así, se debe potenciar el sentido de pertenencia, de responsabilidad y de ciudadanía de las personas solitarias.

En sexto lugar, se puede abordar la soledad desde el valor de la compasión, que implica la capacidad de sentir y aliviar el sufrimiento de los demás, reconociendo su dignidad y su humanidad7. Esto significa que se debe mostrar empatía, respeto, tolerancia y cariño hacia las personas solitarias, sin juzgarlas, sin estigmatizarlas, sin culpabilizarlas ni sin infantilizarlas. Así, se debe crear un clima de confianza, de escucha y de diálogo con las personas solitarias, que les permita expresar sus sentimientos, sus pensamientos y sus experiencias.

En séptimo lugar, se puede abordar la soledad desde el valor de la sabiduría, que implica la capacidad de integrar el conocimiento, la experiencia y el juicio crítico para actuar de forma prudente y razonable8. Esto significa que se debe buscar información, formación y orientación sobre la soledad, sus causas, sus consecuencias, sus factores de riesgo y de protección, y sus posibles soluciones. Así, se debe desarrollar una actitud reflexiva, crítica y creativa frente a la soledad, que nos ayude a comprenderla, a prevenirla y a superarla.

En conclusión, la soledad es un desafío ético que requiere una respuesta multidimensional y superadora, que tenga en cuenta los principios, valores y virtudes de la bioética. Respetando la autonomía, promoviendo el trabajo de servicio, garantizando la justicia, fomentando la solidaridad, mostrando compasión y buscando sabiduría. De esta forma, se puede contribuir a mejorar la calidad de vida y de salud de las personas solitarias, y a construir una sociedad más humana, más justa y más solidaria.

Un enfoque desde el Modelo MET y la Ontología de la Conciencia, concebido por Fabián Sorrentino.
Fuentes Consultadas: 4bioeticaparatodos.com   5bioeticaparatodos.com   6psychologytoday.com   7psicologiaymente.com   8psicologia-online.com   9menshealth.com   10lamenteesmaravillosa.com   11doi.org   12doi.org