Esta es una tarea altamente compleja y multidisciplinaria que puede ser realizada por varias profesiones, desde ingeniería informática hasta biología, medicina, psicología, filosofía y más.

La inteligencia artificial emplea el cerebro humano como modelo para las funciones cognitivas y conductuales mientras trata de deshacerse de él.

El primer trabajo fue el estudio de Warren Weaver y Shannon de 1937, donde se utilizó como modelo para ganar una partida de ajedrez. Además, el famoso trabajo de Alan Turing descifró simultáneamente las similitudes entre el lenguaje artificial y las máquinas y las mentes.

Para simular la actividad cerebral, necesitamos entender dos conceptos importantes.

Uno de ellos es el estudio de las conexiones complejas del cerebro, conocido como el conectoma, que estudia el número increíblemente complejo de conexiones entre los miles de millones de neuronas en el cerebro (aproximadamente 100 mil millones de neuronas).

El segundo es comprender qué neurotransmisores tienen diferentes receptores. En otras palabras, una llave con muchas cerraduras diferentes abre muchas puertas. Esto crea un sistema que ofrece millones de variables. Esto finalmente afecta la expresión génica. Esto eventualmente se convierte en síntesis de proteínas en forma de funciones e información, que se configurará en el cerebro como aprendizaje.

El sistema nervioso está formado por neuronas, una de las pocas células excitables del ser humano (el resto son células musculares). Estas celdas son robustas, independientes y medibles. EEG, por ejemplo. Esta energía también forma parte del lenguaje a partir del cual se crea la neurolingüística, la base de la inteligencia. Así, el número y tamaño de las neuronas, su conectividad, química y electricidad constituyen la base estructural de la actividad intelectual. Este sistema orgánico puede ser simulado por sistemas orgánicos tales como redes de silicio basadas en computadora

Artículo inspirado en un artículo de Ignacio Brusco para Bae.