La Admiración, la Honra y el Amor son tres conceptos que han resonado a través de la historia humana, formando el tejido de nuestras interacciones sociales y personales. Tres expresiones diferentes del amor que podrían ser representadas como una escalera metaforica de la conciencia humana

La Admiración representa el asombro y el respeto que sentimos ante cualidades, habilidades o logros excepcionales. Ontológicamente hablando, puede considerarse como una respuesta emocional que reconoce y valora la excelencia o la virtud en otro ser o en un objeto creado. Es una apreciación de las cualidades que se perciben como superiores y que inspiran a quien admira a aspirar o emular esas mismas cualidades.

La Honra es un tributo que rendimos a la dignidad y la integridad, tanto propia como ajena. Un compromiso con los valores éticos y morales que sostienen la estructura de nuestras sociedades. Que trabaja junto al concepto del honor, que representa la estima y el valor que le atribuímos a una persona o a uno mismo, derivado de actuar con virtud y rectitud.

El Amor, por su parte, es un fenómeno complejo que abarca una gama de experiencias emocionales, desde el afecto, el cuidado, la pasión y el deseo hasta la construcción del amor incondicional.  Una fuerza motivadora que impulsa la conexión, la unidad y la acción hacia el bienestar de otros y de nosotros mismos.

Este amor puede ser visto como la esencia de la relación humana, la interacción y la base de todos los propósitos. Trascendiendo lo físico para abrazar lo espiritual y lo moral.

Estos tres pilares, aunque distintos en su naturaleza, están intrínsecamente entrelazados en la práctica del amor. Su comprensión profunda resulta esencial para el desarrollo de relaciones humanas auténticas y significativas.

Este artículo busca desentrañar las sutilezas de cada una de estas prácticas, recorriéndolas en etapas, con atributos que nos sirven de inspiracion para aprender a amar sin condiciones.

Presentación Etimológica de los tres conceptos

Admiración: proviene del latín “admiratio”, que a su vez deriva de “admiratus”, el participio pasado de “admirari”, que significa admirar o maravillarse. Etimológicamente, implica una mirada de asombro o sorpresa hacia algo o alguien que destaca por sus cualidades o acciones.

Honra: proviene del latín “honorare” o “honoris”, que se refiere a la acción de honrar y también al resultado de esa acción, es decir, el honor o la dignidad. En su origen, “honoris” estaba relacionado con la idea de gloria, renombre y dignidad, así como con las honras y dignidades concedidas por el Estado como representante de la sociedad.

En el latín clásico, “honos” u “honor” tenía un significado amplio que incluía la consideración, el respeto y la atención. Y a las honras y dignidades otorgadas por el Estado, lo que implicaba un reconocimiento público de la relevancia social de una persona. Con el tiempo, el término evolucionó para abarcar conceptos como la estima, la consideración y el respeto hacia la dignidad de una persona. Y se asoció con la reputación, la popularidad y la fama adquirida por medio del mérito, la cualidad y la virtud.

Este concepto ha estado vinculado históricamente con la valoración social y la preservación de virtudes personales como la rectitud, la integridad y la decencia, entonces, no solo es un reconocimiento a las cualidades individuales, sino también un reflejo de la importancia que la sociedad otorga a dichas cualidades.

Amor: relacionado con el verbo “amare”. Su raíz más remota se encuentra en el término indoeuropeo “am-”, que significa ‘madre’, sugiriendo una conexión con el cuidado y el afecto maternal.

Cada uno de estos conceptos refleja una relación profunda y valorativa con los demás y con uno mismo. Mientras que la admiración puede ser efímera y basada en la percepción de cualidades sobresalientes, el honor es un reconocimiento social ganado a través de la virtud y la ética, y el amor una conexión emocional-espiritual que va más allá de las dos primeras, abarcando una relación plenamente involucrada y recíproca.


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La Escalera de la Conciencia Humana

Es una metáfora poderosa que nos permite visualizar el desarrollo emocional y moral del ser humano. En esta escalera, cada peldaño representa un estado de conciencia más elevado y complejo que el anterior. Comenzamos con la resistencia y la negación, para transmutarla en admiración, luego ascendemos a través de la honra… culminando en multiples variantes del amor hasta alcanzar el amor incondicional.

En el sótano de nuestra existencia se encuentran la negación la resistencia y la intolerancia. Aunque la negación puede servir para proteger al individuo de pensamientos, sentimientos o deseos que percibe como amenazantes o inaceptables. Esta negación opera a nivel inconsciente y tiene como propósito preservar la integridad del yo, evitando la ansiedad o el malestar emocional que podría surgir al enfrentarse a las circunstancias. La intolerancia, por su parte, puede surgir de la falta de educación y comprensión sobre las diferencias culturales, políticas o religiosas, mientrras la resistencia está a menudo arraigada en estructuras sociales y culturales que promueven la discriminación y la exclusión. Un transición hacia la admiración, requerirá de un proceso social más amplio de inclusión y reconocimiento de la igualdad fundamental entre las personas, independientemente de sus diferencias.

En el contexto social, la negación de la alteridad puede generar conflictos y discriminación. Y la intolerancia surge cuando esta negación se manifiesta en actitudes y comportamientos que rechazan la legitimidad de otras culturas, creencias y formas de vida. La intolerancia puede originarse en la necesidad de afirmación y seguridad, mientras la resistencia a menudo surge de creencias rígidas y una baja tolerancia a la frustración. Psicológicamente, el cambio hacia la admiración puede implicar un proceso de desarrollo personal donde se aprende a valorar las diferencias y a ver en el otro cualidades dignas de respeto y aprecio. Esto puede incluir el trabajo en la empatía, la apertura mental y la regulación emocional.

La negación y la intolerancia juntas pueden crear un ciclo vicioso donde la negación perpetúa la intolerancia y viceversa. A su vez, la intolerancia alimentada por la negación, puede llevar a la estigmatización, discriminación y, en casos extremos, a la incitación a la violencia contra otras personas por motivos de religión o creencias. Cualquier cambio que elijamos seguramente incluirá cierta resistencia en la manera de concebir la realidad y nuestro lugar en ella. Todo este ciclo es parte de la complejidad del ser humano y de la riqueza que aporta la diversidad al tejido de la existencia.

Para salir metafóricamente de la negación hay algunos escalones de ascenso:

  1. Reconocimiento: Admitir que hay aspectos de nosotros mismos o de las circunstancias que estamos negando.
  2. Curiosidad: Desarrollar un interés genuino por entender esos aspectos y por qué hemos negado.
  3. Comprensión: Aprender sobre lo que negabamos y no tolerábamos, buscando info y perspectivas diferentes.
  4. Aceptación: Integrar esa nueva comprensión en la visión del mundo, aceptando lo que hemos construído.
  5. Valoración: Encontrar valor en lo que antes negábamos, reconociendo sus méritos o importancia.
  6. Admiración: Sentir respeto y aprecio por las cualidades positivas y la belleza de lo que antes se rechazaba.

Una vez en la planta principal empezaremos a subir los escalones en acción plena hacia el amor.

El 1er Peldaño: La Admiración

Representa la chispa inicial que enciende el fuego de la curiosidad y el deseo de comprender. Es una respuesta emocional ante algo que nos sorprende por su novedad, belleza o virtud. Impulsándonos a mirar más allá de nosotros mismos y reconocer el valor o la excelencia en los demás o en el mundo que nos rodea. Solemos reconocer algo que está fuera de lo común, que nos inspira y nos mueve hacia el deseo de emular esa cualidad o hecho admirable.

La admiración ha sido un tema central en la filosofía desde sus inicios. Aristóteles, por ejemplo, la consideraba como el punto de partida para la filosofía. Según él, es la sensación de asombro y sorpresa ante los fenómenos del mundo lo que impulsa a las personas a filosofar. Y la admiración es vista como una respuesta emocional compleja que lleva al reconocimiento y valoración de las cualidades de otra persona o de algo en particular.

En la filosofía antigua, la admiración y su compañero: «el asombro» no solo eran el origen del deseo de saber, sino que también su condición inicial. Platón y Aristóteles destacaron su importancia como motores del pensamiento filosófico. La admiración por tanto, nos invita a cuestionar, reflexionar y buscar respuestas para profundizar en el conocimiento.

Su relación directa con «la aletheia», un concepto griego que refiere a la verdad o revelación, se perfila como un discurso anclado en la vida humana, sirviendo de guía para iluminar las diversas problemáticas de los seres humanos.

En síntesis, la admiración es amor congelado. Una forma de amor que no ha alcanzado su máxima expresión o intensidad. Una etapa preliminar, donde los sentimientos están presentes pero aún no se han convertido en amor pleno y activo.

¿Qué es la admiración para la psicología?

Es una emoción que nos permite valorar y apreciar las cualidades y acciones de otras personas. Una respuesta positiva hacia aquellos que consideramos extraordinarios o sobresalientes en algún aspecto. La admiración se estudia como una parte importante de las relaciones humanas y del desarrollo personal, ya que fomenta una actitud de respeto, aprendizaje y crecimiento personal que incluyen hasta el enamoramiento.

Algunas de sus consecuencias incluyen:

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Consecuencias de la Relación entre la Admiración y el Enamoramiento

Dime que admiras y te dire que piensas, quien te admira y te dire quien eres, como amas y te mostraré un destino! Dr. Fabián Sorrentino.

  • “Dime qué admiras y te diré qué piensas”: Esto sugiere que los objetos de nuestra admiración revelan nuestras prioridades, valores y creencias. Lo que elegimos admirar actúa como un espejo de nuestro mundo interior y de los ideales que valoramos. Por ejemplo, si alguien admira a grandes líderes humanitarios, esto podría indicar que valora la compasión y el altruismo.
  • “Dime quién te admira y te diré quién eres”: La percepción que otros tienen de nosotros puede ser un indicador de nuestro comportamiento y carácter en la sociedad. Si personas de integridad y sabiduría nos admiran, es probable que reflejemos cualidades que resuenan con esos valores. La admiración que recibimos puede ser un reflejo de cómo nos presentamos al mundo.
  • “Como amas y te mostraré un destino”: Esta parte de la frase enfatiza la importancia del amor como fuerza motivadora. La capacidad de amar, no solo en el sentido romántico sino también en términos de pasión y dedicación a una causa o actividad, puede ser un motor poderoso para el logro y el éxito. El amor incondicional y la pasión pueden llevarnos a superar obstáculos y alcanzar grandes alturas.

Es importante destacar que aunque la admiración y el amor son emociones diferentes, pueden coexistir;  ya que como dice Thomas Carlyle 1795-1881: «Nada levanta tanto al hombre por encima de las mezquindades de la vida como admirar, sea lo que sea o a quienquiera que sea.»

¿Te asusta pensar que las admiraciones más sinceras son las de las personas que no nos han comprendido? Benito Pérez Galdos 1843-1920

Según Ernesto Sábato, para admirar se necesita grandeza, aunque parezca paradójico. Por eso la invitacion es a rodearnos de personas que nos desafien a ser mejores personas.

Visión Teológica sobre la Admiración

En la teología bíblica, la admiración está profundamente conectada con el reconocimiento de la soberanía y grandeza de Dios. Manifestándose en la adoración y reverencia hacia el Creador, reflejando un entendimiento de su poder, bondad y amor incondicional. La admiración en este contexto es una respuesta humana a la revelación divina, donde las personas se asombran ante los misterios y las obras de Dios, tanto en la creación como en el plan de salvación revelado a través de la historia bíblica.

La admiración lleva a los creyentes a profundizar en su fe y a buscar una relación más íntima con Dios, reconociendo que Él es digno de toda alabanza y honor; como se ve en los Salmos, donde el salmista admira la creación de Dios y sus intervenciones milagrosas en la vida de su pueblo.

Por lo tanto, la admiración en la teología no es solo una emoción pasajera, como sucede en el enamoramiento, sino una actitud de corazón que nos mueve al compromiso con seguir en los caminos de Dios, reconociendo su majestad y su amor redentor manifestado en Jesucristo.

Presta atención a estas consecuencias negativas
  • Presión y Expectativas Elevadas: Puede llevar a expectativas poco realistas y presión para mantener ciertos estándares, lo que puede resultar en estrés y ansiedad.
  • Pérdida de Privacidad: A menudo enfrentan una pérdida de privacidad, ya que otros pueden estar más interesados en sus vidas personales y profesionales.
  • Relaciones Desequilibradas: Donde la persona admirada puede sentirse aislada o incomprendida por aquellos que la ponen en un pedestal.
  • Admiración No Correspondida: Puede haber casos en los que la admiración no es mutua, lo que puede llevar a la frustración y la tristeza para la persona que admira.
  • Influencia Negativa de Modelos a Seguir: La admiración hacia ciertas figuras puede llevar a imitar comportamientos o estilos de vida no necesariamente saludables.
  • Arrogancia y Complacencia: Si se acostumbran a ser constantemente admiradas, lo que puede afectar negativamente su crecimiento personal y sus relaciones.

Es importante transformar la admiración en humildad y mantener un sentido de perspectiva para evitar estas consecuencias.
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El 2do Peldaño: La Honra

Esta puede ser entendida como la esencia o la cualidad que hace que una persona sea digna de respeto y estima dentro de una comunidad. Es una propiedad intrínseca que se relaciona con la identidad y el ser de una persona.

El honor manifiesta el grado de honra que se siente por una persona. Siendo la honra una cualidad subjetiva y personal, y el honor su representación objetiva y social. Algo que se gana a través de actos virtuosos y buenos hechos, y se pierde por actos que la sociedad considera deshonrosos.

Desde una perspectiva ontológica

La honra es un atributo fundamental que relaciona al ser humano con su dignidad y valor como persona. La forma en cómo los demás nos ven y valoran se conoce como honor. Por lo tanto, la honra es estática y pertenece al ámbito del ser; mientras el honor es dinámico y pertenece al ámbito del deber-ser.  Es decir, con las expectativas y normas sociales que una persona debe cumplir para ser considerada honorable.

La honra y el honor viven conectados en un ciclo de reconocimiento y valoración. La honra es la base sobre la cual se construye el honor. Sin honra, no puede haber honor verdadero, ya que el honor sin una base de honra genuina es vacío y sin sustancia. Por lo tanto, la honra es el fundamento ontológico del honor.

En la literatura y la historia, encontramos que la honra y el honor han sido temas centrales en la conformación de la identidad y la estructura social. Por ejemplo, en la sociedad medieval castellano leonesa, la honra estaba vinculada a lo épico militar, y el honor era un reconocimiento que confería el monarca, reflejando la aceptación del individuo en su comunidad.


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La Honra desde la Psicología

Desde una perspectiva psicológica, la honra es un concepto que se relaciona con la integridad, el respeto propio y la dignidad personal. Un valor que se construye a través de acciones éticas y honestas, y se manifiesta en la reputación y el reconocimiento de ser una persona honorable y digna de confianza. La honra implica mantener una coherencia entre las palabras y los hechos, demostrando respeto hacia los demás y actuando de acuerdo con principios y valores morales.

Su importancia es significativa por varias razones:

Para cultivar la honra, es esencial actuar con integridad y honestidad, reconocer, valorar a los demás, y asumir la responsabilidad por las propias acciones. Estos comportamientos no solo refuerzan la propia honra sino que también fomentan el respeto y concretan la admiración de los demás.

Cláramente es un valor intrínseco que se refleja en la conducta moral y ética de una persona. Un componente esencial del carácter que influye en el bienestar emocional, las relaciones interpersonales y la posición social de una persona. Cultivar la honra es un proceso continuo que requiere reflexión, compromiso y acción consciente. Conceptos que en nuestro Modelo MET se encuentran entre los Niveles 1 al 4.

La honra, desde una perspectiva sociológica

Es un reconocimiento de la integridad y el mérito de un individuo o grupo dentro de un contexto social y cultural específico, ligada a conceptos como el estatus, el prestigio y la reputación, y se manifiesta en prácticas y rituales que varían según la cultura y la época.

La Honra en la Estructura Social opera dentro de las estructuras sociales y es un indicador de la posición de un individuo o grupo en la jerarquía social. Las personas o grupos honrados suelen tener un estatus elevado y son tratados con deferencia y respeto por los demás miembros de la sociedad. Esta puede ser otorgada por logros, virtudes o el cumplimiento de roles sociales importantes.

Su Capital Social se refiere a los recursos y beneficios que una persona obtiene a través de sus relaciones y conexiones sociales. Una persona honrada puede tener acceso a más oportunidades y recursos debido a su buena reputación y al respeto que inspira en los demás.

Promotora del Cambio Social: La honra no es estática y puede cambiar con el tiempo. Los cambios en las normas y valores sociales pueden alterar lo que se considera honroso. Por ejemplo, comportamientos o roles que una vez fueron altamente honrados pueden perder su estatus a medida que la sociedad evoluciona.

En resumen, la honra está intrínsecamente vinculada a la estructura social y puede influir en la movilidad social y el acceso a recursos. Su cualidad dinámica puede cambiar con las transformaciones sociales y culturales siendo un elemento clave para entender cómo las sociedades organizan y valoran a sus miembros.

Visión Teológica de la Honra

La honra se centra en el reconocimiento y respeto hacia la dignidad y valor que Dios ha otorgado a cada persona y a Él mismo. manifiestándose en la forma en que tratamos a los demás y valoramos a Dios, demostrando aprecio, dignidad, afirmación, respeto y consideración.

La honra es un atributo a ser dado voluntariamente demostrando valor y aprecio. Honrar a Dios implica confiar en Él como nuestra fuente y valorar su presencia en nuestras vidas. Honrar a los demás es una expresión que refleja el carácter de Dios en nosotros.
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El 3er Peldaño: El Amor

Refiere a un tema central que ha sido explorado por muchos pensadores a lo largo de la historia. Desde la antigua Grecia hasta la actualidad, el amor ha sido objeto de estudio y reflexión, ofreciéndonos una visión más completa y profunda de este complejo sentimiento.

En la filosofía antigua, figuras como Platón y Sócrates lo analizaron desde diferentes ángulos. Platón, en su obra “El Banquete”, habla del eros, el amor como un anhelo por la belleza y la perfección, que nos impulsa a buscar la unión con ellaPara Sócrates, el amor era un camino hacia la sabiduría y la virtud, una fuerza motivadora que nos impulsa a mejorar como seres humanos.

En el cristianismo, el amor también tiene un papel importante. San Agustín, por ejemplo, habla de la caridad como un amor personal divino y humano y del bien que significa el amor a Dios.

En tiempos más modernos, figuras como Sigmund Freud y Jean-Paul Sartre han ofrecido sus propias interpretaciones. Freud veía el amor como el instinto de vida (eros), opuesto al instinto de muerte (tánatos), mientras que Sartre consideraba el amor como parte de la conciencia y una función irrealizante.

El amor, según la filosofía, es más que una emoción compleja, ya que involucra tanto sentimientos como acciones y se puede observar en múltiples manifestaciones: el (amor romántico), philia (amor fraternal) y ágape (amor incondicional) entre otras formas.

Para investigar las 10 formas del amor te recomiendo este artículo.

Camino a la cima de nuestra escalera

La Admiración, la Honra y el Amor se entrelazan, formando el mosaico de nuestra humanidad.

La admiración, lo hace desde el asombro ante lo sublime y el reconocimiento de la excelencia que suele residir en el otro. La chispa que enciende la llama del deseo de superación y la búsqueda de la belleza en todas sus formas. Motivándonos a ser mejores y alcanzar las estrellas con la esperanza de algún día tocarlas.

La honra, por su parte, desde el pilar que sostiene nuestras acciones y decisiones. El respeto por uno mismo y los demás. La honra es la integridad que nos define y nos diferencia; en un mundo donde la moral a veces parece difusa. Y como una brújula, nos orienta hacia nuestros principios y valores.

Y el amor, ese sentimiento omnipresente y todopoderoso, es el fin último de nuestra escalada. La fuerza que nos une, la energía que mueve mundos, construye puentes y derriba muros. La promesa de un mañana mejor y la esperanza que nos mantiene vivos.

Este artículo ha sido un breve viaje a través de estos tres pilares fundamentales de la experiencia humana, que van más allá de las palabras y los colores con los que pintamos el lienzo de nuestra existencia. Las notas que componen la sinfonía de nuestras relaciones, la poesía que escribimos en cada gesto de bondad y cada acto de valentía.

En última instancia, «la Escalera de la Conciencia Humana» es un llamado a la acción, que nos desafía a ser más que espectadores pasivos de nuestra propia vida. Invitándonos a participar activamente en la construcción de un mundo donde la admiración inspire, la honra dirija y el amor reine.

Un mundo donde cada paso que damos hacia arriba, en nuestra escalera personal, contribuye a elevar la conciencia colectiva.

Un mundo donde, finalmente, podamos vivir no solo en paz, sino también en plenitud.

Por el Dr Fabián Sorrentino para Sonria.University. Derechos Reservados.
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