Al leer a Don Quijote oímos un tipo de risa que se remonta a los sainetes medievales. Nos causa hilaridad cuando el caballero de la triste figura se pone esa bacinilla como yelmo y la persistente necedad de Sancho Panza, su fiel escudero. | Un aporte de Laura González G.- laurago123@hotmail.com | estudiante de psicología de la Universidad de Antioquia. Medellín, Antioquia, Colombia

Don Quijote, fiel ejemplo
Sin embargo, al lado de aquel humor a menudo estereotipado, cruel, Cervantes nos brinda una comedia muy diferente… En uno de los capítulos un hacendando invita a Don Quijote a su finca, donde vive con su hijo poeta.

Éste, aún más lúcido que su padre, de manera instantánea se da cuenta de la chifladura de Don Quijote y prefiere conservar la distancia con él. Don Quijote entonces le pide al muchacho que recite alguno de sus versos y en cuanto empieza a declamar, se deshace en halagos, complacido de escucharlo. Cosa que deslumbra al muchacho, porque con ello comprueba la genialidad del caballero y pronto olvida que está mal de la cabeza.

El loco
Ahí vale preguntarse quién es en realidad el loco, si el propio Don Quijote, o el lúcido poeta que cree en los elogios del loco. ¿Sí ven? Es lo que yo llamo otra suerte de comedia y en medio de toda una novela. Más delicada e infinitamente preciosa… No nos reímos porque a alguien lo ridiculicen, porque se burlen de él y lo humillen.

Si no porque Cervantes escribió la máxima obra de la literatura española con sentido del humor. Octavio Paz decía a propósito, que el humor no nace con el ser humano. Que el humor es una adquisición de la cultura de la era moderna.

El humor no es una chispa que se lanza para resolver una situación confusa en una historia sin un claro desenlace. Su discreta luz fulgura en el vasto paisaje de la vida. Detengámonos de nuevo en el episodio que les acabo de contar, como si lo viéramos en cine: El buen hombre trae a Don Quijote a su morada y le presenta a su hijo, quien ahí mismo, con gestos postizos le demuestra su falsa superioridad al invitado.

Pero esta vez ya sabemos a qué atenernos, cuando al jovencito se le suban más los humos al oír las alabanzas de Don Quijote, por los versos declamados. Notamos que su comportamiento es pretencioso, inapropiado para su edad: Cómico, ridículo desde el principio.

Fragmento de El Sentido del humor en el «vasto paisaje de la vida»

Milán Kundera
El sentido del humor es una frase que se escucha con frecuencia pero que muchas veces no se tiene clara su definición y se confunde con lo cómico.

HUMOR
La palabra humor proviene de la palabra latina umor y del vocablo medieval humor, siendo ambos términos médicos que significan disposición biológica o temperamento. El humor se define comúnmente, y no sólo en psicología, como estado de ánimo, disposición del espíritu o del carácter. Es por tanto, un estado emocional o afectivo de relativa larga duración que determina en un individuo el realizar ciertas asociaciones mentales con cosas agradables o desagradables, según el humor que posea un momento dado.

Humorismo
Es una organización afectiva, puramente subjetiva. Su objetivo es la integración, la unificación de los enlaces cómicos de la realidad, a través del conocimiento emocional e intuitivo y de una elaboración fantástica del mundo del humorismo.

El humor es así, crítica contundente a todas las cosas de la vida, poniendo al desnudo lo ridículo que hay en ellas. Surge cuando se da la ruptura abrupta de la isotopía. El humorista se dirige a los valores visibles, a lo importante, a lo nimio, busca errores, prejuicios y nulidades, es jugar con los valores esenciales, sin apoyarse en nadie ni en nada.

Según Freud, «la esencia del humor consiste en que uno se ahorra los afectos que la respectiva situación hubiese provocado normalmente, eludiendo mediante un chiste la posibilidad de semejante despliegue emocional». De esta manera el Yo rehúsa dejarse ofender y elude el sufrimiento mediante el humor, triunfando así el principio del placer.

El Chiste encarna una situación insostenible, una especie de prueba de resistencia sobre la realidad. Los chistes nos hacen reír cuando sacuden la aterradora hiperseriedad. Los chistes obscenos tratan generalmente de degradar, inhibiendo los valores que conciernen al sexo. Las bromas provocan risa cuando consiguen zarandear las poses intimidatorias de solemnidad o dignidad que adopta la gente.

La tosquedad y la torpeza pueden resultar divertidas cuando rompen la opresiva formalidad de las convenciones.

Los juegos de palabras y los retruécanos, al jugar con la rigidez del lenguaje, producen risa.

En la Ironía el sujeto guarda para sí su juicio desfavorable, manifestando una actitud opuesta a su juicio de valor. Su efecto cómico atenúa el sentido agresivo del ironista.

Lo cómico es todo aquello que nos ayuda a liberarnos de nuestros miedos y preocupaciones creados por la mente. Siempre que las leyes físicas o el orden cómico degradan las creencias o abstracciones de nuestra mente, siempre que lo natural humilla lo sobrenatural, lo cómico hace su aparición.

El humor también es fantasioso, nos tienta a escapar y a esquivar las dificultades. También utilizamos el humor para tratar de establecer un ambiente más relajado y más agradable.

EL SENTIDO DEL HUMOR
En el sentido del humor lo importante es disfrutar de uno mismo, de lo que se hace o se piensa; en la comicidad, por el contrario, se busca un reconocimiento y la risa del otro, por lo que se tiene que recurrir al chiste, la burla y la exageración para hacer una deformación de la realidad. La participación de los otros no quita ni añade nada esencial al sentido del humor, pues en éste, se toma a la propia persona y a las circunstancias como objeto. Por ello, el sentido del humor no consiste únicamente en tratar de hacer chistes o juegos de palabras, tratar de ser gracioso de una manera premeditada.

El Sentido del humor se concibe como una actitud derivada del autoconocimiento y la autoaceptación. Conlleva una actitud hacia la vida, una manera de verla o recibirla, una modalidad de estar en el mundo. Es básicamente una visión o percepción realista del mundo que nos rodea, significa percibir ambos polos de una situación tal como ellos son, desde una visión panorámica.

El sentido del humor podemos adquirirlo si jugamos con nuestro propio ego y sus pretensiones, si nos tomamos en broma nuestras afectaciones, poses o personalidades asumidas, si no consideramos ciertamente nuestra hiperseriedad y si desarrollamos un sentido del auto-ridículo.

La falta del sentido del humor parece derivarse de la actitud que nos lleva a considerar inflexibles, absolutamente serias. El sentido del humor parece originarse en un regocijo que todo lo penetra, situación abierta que no tiene la solemnidad impuesta de considerar todo demasiado en serio. El no tomar en serio las cosas es una forma de tomar posición frente a las cosas sin que ellas se lleguen a representar en lo necesario, como ocurre al tomar las cosas en serio.

Un sentido del humor suficientemente agudo como para mostrar al hombre tanto sus propios absurdos como los de la otra gente es un elemento importante en las relaciones interpersonales pues puede ayudar a crear vínculos no hostiles, puede crear una agradable atmósfera saludable de intimidad y camaradería, algo muy importante para nuestra especie, nacida para vivir en comunidad. Es el único modo que tenemos para escapar de una vida dominada por los temores y los sufrimientos de la mente.

Ayudándonos a permanecer en la escala óptima de emociones, el sentido del humor puede hacer que permanezcamos en contacto con la realidad y que aprendamos del mundo positivo y de la vida real.

El sentido del humor podría enseñarnos a aprender de nuestros errores, de la experiencia y del fracaso.

TRAGEDIA, COMICIDAD Y HUMOR
Esta parte del trabajo está hecha con base en el texto «El secreto del Humor», escrito por Clementino de la Vega.

Para definir lo que es el sentido del humor, debemos tener en cuenta las definiciones de lo que son la tragedia y la comicidad, esto porque son ellas mismas los extremos de la dimensión en que el humor se mueve.

La tragedia, la comicidad y el humor, tienen en común el hecho de que son todas reacciones que adopta el ser humano frente a determinadas situaciones conflictivas. Lo que varía de una a otra es la clase de situación y la reacción que se suscita, situaciones que a la vez serán los factores que nos permitirán determinarlas y reconocerlas.

Podemos decir que hay reacciones con y sin sentido para X o Y situación determinada. Una reacción tiene sentido cuando la persona implicada sabe que hacer con ella y en ella. Podríamos aquí diferenciar dos tipos de situación; la primera una situación normal en la que la respuesta por parte del individuo es automática y la segunda, una situación conflictiva, en la que el actante debe buscar emitir una respuesta con sentido. En el caso en que no se logra una respuesta con sentido el sujeto queda inmerso en la tragedia o en la comedia dependiendo cada una de factores diferenciables. El caso del humorismo es aquel en el que la persona logra emitir una respuesta con sentido frente a las mismas situaciones. En el humorismo la persona no pierde la cabeza como en la tragedia o la comedia, pero esto sólo se logra mediante un esfuerzo complicado.

Significado de la tragedia
Como veníamos diciendo, la tragedia se da por una respuesta sin sentido a una situación conflictiva, en la tragedia el hombre no es capaz de dominar la situación. El conflicto trágico es fundamentalmente entre «libertad» y «necesidad», entendiendo libertad como la autonomía aparente de la que se puede hacer uso, y necesidad como un forzamiento que contradice la libre voluntad, algo así como un imperativo del destino.

Para la tragedia es necesario un conflicto con la necesidad, una lucha contra ella, pero esta lucha debe tener una serie de características definidas para poderla considerar trágica; la lucha debe tener un sentido, un horizonte que sea lógico y justificado; en ella hace falta que la necesidad este oculta, que el hombre no tenga conciencia de tal necesidad, de lo contrario la lucha no tendría ningún sentido y su resolución sería inocua. En la tragedia se trata de evitar algo que aparentemente es evitable, pero que al final se muestra como inevitable, de aquí que cada paso que da el actor de la tragedia va en camino (sin ningún conocimiento) de la realización gradual de lo que quería evitar, por esto y por la gravedad de las consecuencias para el sujeto, la tragedia suscita compasión y terror; compasión porque aquel individuo es un pobre que no se ha buscado su desdicha y al cual el destino lo conmina al fracaso, fracaso al que por los mismos motivos está expuesto cualquier individuo sensato como el personaje trágico, por esto es que la tragedia además de compasión inyecta cierta dosis de terror en sus espectadores; es un fracaso del hombre en general.

Un buen ejemplo que se puede encontrar de la tragedia es el Edipo Rey de Sófocles. Edipo es un personaje a quien el destino empuja cada vez mas al fracaso, aún cuando trata reiteradamente de escapar es evidente como cada uno de sus pasos lo acerca más y más a su fracaso.

Significado de la comedia
La comedia tiene un mayor grado de complejidad en comparación con la tragedia aunque ambas sean reacciones inadecuadas a situaciones conflictivas. La comedia nos presenta dos fuentes principales: el conflicto cómico puede ser subjetivo u objetivo. En el primer caso encontramos que lo risible no es la situación sino la respuesta por parte del sujeto, y en el segundo encontramos que el efecto cómico es derivado directamente de la situación. Lo común en las dos es que el hombre termina perdiendo la cabeza, y su desenlace es el mismo, un fracaso del sujeto; la diferencia radica en que el fracaso de la tragedia es grave, de lleno, mientras que en la comedia el fracaso es episódico, poco comprometedor, no amenazante.

Para aclarar un poco las diferencias entre tragedia y comedia haremos un cuadro comparativo en el cual las podremos definir de mejor forma.

Tragedia: En el inicio, la lucha tiene pleno sentido.
Comedia: Al comenzar ya existe una desproporción de fuerzas.

Tragedia: No hay provocación, la necesidad es invisible para el hombre en general.
Comedia: Hay una provocación, un desafío ingenuo a una necesidad evidente, una ceguera viciosa por parte del hombre, lo que lo convierte en un personaje ridículo.

Tragedia: El espectador se puede identificar con la sensatez del actante.
Comedia: El espectador es ajeno, esto es por la ridiculez de la provocación .

Tragedia: Hombre sensato, normal.
Comedia: El personaje tiene una falla, una mácula. Es un hombre ridículo y por ello debe sufrir una corrección por medio de una adecuada réplica.

Tragedia: Hay un fallo impuesto por la necesidad.
Comedia: La provocación a la necesidad es inadecuada, encierra un contrasentido.

Tragedia: El conflicto es serio objetivamente, a cualquiera le podría suceder y para cualquiera sería grave.
Comedia: El conflicto es serio subjetivamente no objetivamente, solo es serio para el hombre no para los demás.

Como ya hemos dicho, en este caso de la comedia hay una provocación de la necesidad para la cual debe darse una réplica que tiene el fin de lograr su restauración, tal réplica debe ser proporcional y adecuada a la provocación, en el caso contrario el efecto cómico se perdería y la situación empezaría a tener las características de la tragedia.

Para ejemplificar un poco lo que es la comedia, podemos tomar el ejemplo de Romeo y Julieta: imaginemos lo que pasaría si en el último acto Romeo no se tomara la sustancia tóxica con la que pretende suicidarse, sino que por un descuido tomara una sustancia alucinógena; de seguro que Romeo no quedaría ante Julieta y ante todos como el tierno galán que se quita la vida por amor, no… en lo absoluto, Romeo quedaría como un perfecto y ridículo imbécil que no tiene la inteligencia suficiente como para saber con qué suicidarse. Aquí podemos decir que la tragedia de Shakespeare se convierte mas bien en la comedia de Shakespeare en la cual se nos presenta un personaje que ya no es heroico sino ridículo, que provoca a la necesidad y al cual debe propinársele su debida réplica.

En este caso del personaje cómico, el conflicto no debe ser tomado en serio, es sencillamente alguien que desconoce la necesidad que todos conocemos.

Hasta ahora solo hemos tratado el caso en que el conflicto cómico es subjetivo, esto es debido a que el caso en que este es objetivo es mas sencillo. En tal caso, lo que produce el efecto cómico es la situación como tal, esto es porque todas las respuestas posibles a dicha situación encierran un contrasentido. Por ejemplo, el hecho de tropezarse con una piedra que está en suelo con la que cualquiera podría tropezarse y caer le puede suceder a cualquiera y es cómico siempre que no tenga consecuencias nefastas para la persona implicada.

El sentido del humor
Después de definir un poco lo que son tragedia y comedia, podemos pasar a explicar lo que es el sentido del humor con relación a ellas.

Podríamos decir acerca del sentido del humor, que es un esfuerzo por evitar la situación trágica y la situación cómica, que tal esfuerzo oscila entre ellas dos, pero lo que no podemos decir es que sea algo así como una tragicomedia. El sentido del humor también se presenta como una respuesta ante una situación conflictiva, pero lo que lo diferencia es que la respuesta emitida tiene pleno sentido allí donde es difícil encontrarlo, sus límites son la tragedia y la comedia, pero en ningún momento llega a tocarlas.

El humorista nos enseña a no reír indebidamente y a desenmascarar las falsas tragedias, el humorista tiene el secreto para ver las cosas por el anverso y por el reverso; ve la nobleza de lo ridículo y la ridiculez de lo noble como en el caso del Chapulín colorado, la humildad de la vanidad y el orgullo de la modestia como si hiciéramos una comparación entre Nietzche y Sócrates, puede ver la bondad en la maldad y la mezquindad de lo bondadoso de la manera como lo hacen los Taoístas demostrado en el símbolo del Yin Yang, etc…el humorista juega con las circunstancias atenuantes, relativiza las situaciones, nos muestra algo pero nos invita a mirar para el otro lado. El humorismo no nos deja ni reír ni llorar a gusto, el humorismo es en el fondo un afán por comprender, está siempre distante de sí mismo y objetivamente esa distancia le permite ver las cosas en perspectiva, en sus mutuas relaciones, por todos lados.

El humor es algo que consiste en un momento, una tensión entre límites y puede ser entendido como un sentido táctil, como una forma que oscila entre comicidad y tragedia, para la apreciación del mundo y de la vida.

En este punto debe tenerse en cuenta que existen varias teorías sobre el sentido del humor, a continuación expondremos algunas de ellas:

Teoría De La Superioridad
Thomas Hobbes: «La pasión de la risa provino de una visión instantánea de nuestra excentricidad y de nuestra grandeza. ¿Qué es la risa sino la presentación de nuestro propio espíritu ante nuestra propia crítica, comparándonos con las debilidades y absurdos de otros hombres

Teorías de la incongruencia
La risa está provocada por un inusual, inconsistente o incompatible apareamiento de ideas, situaciones, conductas o actitudes. El concepto de incongruencia remite a una situación en la que la comprensión de una relación visible secuencial es esperada, y en cambio, ocurre algo inesperado. Según Schopenhauer, la risa se produce ante la constatación de la «incongruencia entre el pensamiento y la realidad». Incongruencia, no contraste, es ahora el término clave: «la causa de lo risible habla también Schopenhauer está siempre en la subsunción o inclusión paradójica, y por tanto inesperada, de una cosa en un concepto que no le corresponde, y la risa indica que de repente se advierte la incongruencia entre dicho concepto y la cosa pensada, es decir, entre la abstracción y la intuición. Cuanto mayor sea esa incompatibilidad y más inesperada en la concepción del que ríe, tanto más violenta será la risa.»

Schopenhauer compara lo risible a un silogismo cuya mayor fuese impecable, pero que asociada con una menor inesperada y sorprendente, da lugar a una conclusión risible. De ahí le resulta fácil deducir en qué consiste el ingenio y la técnica del chiste («el ingenio consiste en hallar en cada caso que se presente un concepto genérico en el cual puede ser comprendido, aun siendo la cosa de que se trata de distinta naturaleza que los demás elementos que integran el concepto»), o la razón por la que los animales no ríen: sencillamente no pueden hacerlo, desde el momento que carecen de nociones generales. A partir del concepto de lo risible es posible también establecer el de lo serio, su contrario: «Consiste en la conciencia de la conformidad entre el pensamiento y la realidad. El hombre serio está convencido de que piensa las cosas tales como son y de que son tales como él las piensa.» Cuando lo risible es buscado deliberadamente, nace la broma, y cuando ésta se oculta tras lo serio, tenemos la ironía, cuyo opuesto es el humorismo, en el que es lo serio lo que se oculta tras la broma. La ironía comienza en serio y acaba en risa, en tanto que el humor sigue el proceso inverso. Por otra parte, la ironía, propiamente, va dirigida contra los demás, en tanto que el humor tiene como referencia a uno mismo. Finalmente, el hecho de que reír resulte agradable y placentero es debido, según Schopenhauer, a que nos satisface el triunfo del conocimiento intuitivo sobre el pensamiento abstracto, porque aquél es la forma natural de conocimiento, inseparable de nuestro ser animal; nos agrada comprobar que el pensamiento es incapaz de hacerse cargo de todos los infinitos matices que presenta lo real: «Por consiguiente escribe Schopenhauer, ha de resultarnos grato ver de cuando en cuando cogida in infraganti y acusada de deficiente a la razón, ese domine severo, perpetuo y molesto. Por esto la risa está emparentada estrechamente con la alegría

Teorías de la sorpresa
El elemento esencial de la risa es su precipitación y la imprevisibilidad.
Según Darwin, por ejemplo, el humor es la mezcla el factor incongruencia con el sentimiento de superioridad sobre aquello que es objeto de risa (superioridad que no hay por qué considerar necesariamente como una forma de agresión). Observa Darwin que de la misma forma que nadie puede hacerse cosquillas a sí mismo, porque el lugar que vaya a ser estimulado ha de resultar desconocido, inesperado: «De igual modo, respecto a la mente, algo inesperado una idea nueva o incongruente que rompa la cadena habitual del pensamiento parece ser un factor de peso para la hilaridad.»

Teorías de la configuración
Risa como la percepción de una cierta conexión entre elementos que aparecen incongruentes o sin relación aparente. Cuando hallamos diferencias entre cosas esencialmente semejantes (que son y deben ser, por tanto, siempre semejantes) o semejanzas entre cosas esencialmente diferentes (que son y deben ser en cualquier circunstancia diferentes), se produce un efecto cómico y a él respondemos con la risa. Naturalmente, no se trata de unas semejanzas o diferencias cualesquiera, sino esenciales ellas mismas, esto es, que de darse realmente comprometerían la esencia de la cosa misma, haciéndola variar sustancialmente. Nada risible habría si la diferencia o semejanza fuese meramente accidental: no reímos al observar que dos individuos humanos (esencialmente idénticos en tanto que humanos) difieren en el color del pelo, o que el plumaje de un loro y el de la camisa de su dueño comparten un mismo color; pero seguramente sí lo haremos si vemos a un hombre andar como un chimpancé. Este es el mecanismo principal y espontáneo de lo risible; el chiste, derivado de él, surgirá más tarde, siempre que de forma deliberada y conciente (artificial, si se quiere) se busquen y se encuentren esas mismas semejanzas entre lo distinto y esas mismas diferencias entre lo semejante, poniendo así en marcha el mismo proceso.

Teorías de la Liberación o el Alivio
La risa es provocada por el alivio de una tensión, el neurocientífico Pedro C. Marijuán toma la risa como «un medio extraordinario del cerebro para eliminar el desorden y los desajustes de información», provocados principalmente por ser «animales del lenguaje».

Nuestro cerebro es un órgano esencialmente lógico. Todas las situaciones risibles tienen en común una serie de características absolutamente opuestas a aquéllas con las que el cerebro se siente cómodo: son absurdas, faltas de sentido, incongruentes… El cerebro, enfrentado a ello, quiere entender y no puede; intenta ordenar, clasificar, simplificar, y por unos instantes cualquiera de tales actividades le resulta imposible, porque momentáneamente ha sido engañado por ese sutil juego de diferencias y semejanzas, que, por unos segundos, se ve impelido a reconocer como esenciales, aunque el sabe que no lo son, que son absurdas. Se produce entonces una tensión, o una acumulación de energía (por decirlo con Spencer), que la risa (ahora en tanto que actividad puramente muscular) viene a aliviar o a descargar. Pero el cerebro es también un órgano muy poderoso, y por eso el engaño no puede durar mucho tiempo: enseguida las cosas vuelven a su sitio, él las pone en su sitio. Esta es la razón por la que, como a veces se ha señalado, el chiste ha de ser breve: hay que coger desprevenido al cerebro, si se le da tiempo, establecerá las relaciones correctas y toda gracia habrá desaparecido, del mismo modo que desaparece cuando un chiste es explicado. Ese es también el motivo por el que, como observó Kant, el humor es como «una impresión que brota de una espera en tensión que de repente se reduce a nada».

Así, pues, la captación de semejanzas y diferencias que, sin serlo, por un momento parecen, contra toda lógica, esenciales, sería la clave de lo risible, siendo la risa una emoción cuya funcionalidad adaptativa reside en el hecho de aliviar la tensión que lo risible mismo comporta (emoción que no necesita el animal y que en el niño sólo aparece en el momento en que ha desarrollado un pensamiento abstracto).

Es decir, no río porque algo me hace gracia, sino que, al contrario, algo me hace gracia porque río, porque me obliga reír. Así podría explicarse lo contagioso de la risa, el fenómeno de la risa floja, y el hecho de que cuantos más esfuerzos hacemos para no reír, más nos reímos.

Quién sabe si al final no resultará que de lo que en verdad nos reímos es de la risa misma.

BIBLIOGRAFÍA
Bokun, Branco. EL HUMOR COMO TERAPIA. TusQuets Editores, S.A. Barcelona: 1987.
Puche, Rebeca y Lozano, Hernán. EL SENTIDO DEL HUMOR EN EL NIÑO. Siglo del Hombre Editores. Bogotá: 2002.
Shaftesbury. SENSUS COMMUNIS. Editorial Pre-textos. Valencia: 1995.
http://www.nodulo.org/ec/2002/n008p03.htm