La noción de representación, tal como la formuló Elliot W. Eisner (1994), alude a los “vehículos” por medio de los cuales nuestras concepciones internas —sean estas visuales, auditivas, kinestésicas, olfatorias, gustativas o táctiles— se materializan públicamente. Este proceso es fundamental en la educación artística y cognitiva, pues permite transformar una experiencia íntima en un artefacto compartido: una palabra, un cuadro, una pieza musical, una fórmula matemática o una coreografía de danza, entre otros.

  1. Visual
  2. Auditiva
  3. Kinestésica
  4. Olfatoria
    • Ejemplo: Un perfumista puede presentar una fragancia en un laboratorio sensorial, permitiendo al público “leer” memorias asociadas a aromas a través de catas guiadas.
    • Link: https://es.wikipedia.org/wiki/Perfume
  5. Gustativa
  6. Táctil

Además, la representación matemática convierte abstracciones numéricas en símbolos y fórmulas que toda la comunidad científica acepta y utiliza. Un ejemplo clásico es la ecuación de Einstein E=mc², que sintetiza en caracteres la equivalencia entre energía y masa.

Finalmente, la palabra escrita o la oral (como en la poesía o la narrativa) es un vehículo privilegiado: desde los versos de Pablo Neruda hasta la prosa de Gabriel García Márquez, el lenguaje articula el mundo interior y lo comparte.

Eisner enfatiza que, en el ámbito educativo, favorecer múltiples formas de representación enriquece el aprendizaje: no basta exponer conceptos de manera verbal, sino que es esencial integrar experiencias sensoriales diversas para construir conocimientos más profundos y significativos. Así, la enseñanza deja de ser unidimensional y se convierte en un proceso de exploración creativa, capaz de activar distintos modos de percepción y expresión.

Compilado por Fabián Sorrentino