Es un tratamiento terapéutico de naturaleza psicológica que se proporciona a los pacientes que lo necesiten de manera grupal, para mejorar su salud mental y calidad de vida. Además, el grupo psicoterapéutico dota a sus miembros de estrategias adecuadas de afrontamiento y de recursos cognitivos y emocionales adaptativos para el cambio y aumenta la autonomía y el crecimiento personal a nivel individual, evitando la cronificación y la disminución sintomatología en las áreas afectadas por el trastorno.

Antecedentes de las técnicas de intervención grupal

Drama Griego,la historia de la Humanidad ha estado influida por dinámicas e interacciones grupales. Los líderes tribales y religiosos se servían del entramado social para promover curaciones y cambios de conducta mucho antes de que existieran los profesionales de la salud mental.

Los primitivos ritos chamánicos, las tragedias griegas y las obras de teatro medievales de carácter moralizante apuntan también en esa dirección. Durante la Edad Media, con el fin de ayudar a los enfermos mentales, numerosos monasterios sirvieron como asilo. Valga como ejemplo la colonia Gheel en Bélgica. Las sesiones grupales de hipnosis dirigidas por Mesmer y el movimiento de tratamiento moral favorecían saludables interacciones de grupos y experiencias sociales reconstructivas entre los pacientes mentales.

Quizá el más antiguo precedente de la terapia de grupo sea la apertura de la Hull House de Jane Addams, en los Estados Unidos, en 1889. Gran número de personas necesitaban ser realojadas, y esto llevaba consigo serios problemas de organización de la convivencia, de canalización de sus reivindicaciones, y de mejora de sus condiciones de vida.

La etapa del sentido común. Pioneros
La terapia de grupo, en el sentido de una actividad planificada bajo guía profesional para tratar la patología de la personalidad, es una invención estadounidense del siglo XX.

Joseph Pratt, internista que ya en 1905, preocupado por aquellos pacientes pobres en recursos económicos, que no se pueden permitir un tratamiento hospitalario, decide organizar con ellos unos grupos de apoyo que les sirvan de ayuda y de instrucción acerca de la conducta a seguir hasta su curación. El trabajo con grupos adquiere desde este momento el aire de «tratamiento». Pratt trabajaba en un ambulatorio de Boston (Massachusetts) y los enfermos eran tuberculosos. Los grupos que se formaron eran de unos 20 enfermos, y la actividad al comienzo se pareció mucho a una clase: Pratt instruía a los miembros de cada grupo sobre cómo alimentarse, como organizar su descanso y su trabajo, en el ambiente familiar que debían soportar, ya que no podían ser atendidos en el hospital. Los asistentes que cumplían mejor el régimen propuesto eran promovidos a las primeras filas del aula, según una situación de escalafón o estatus claramente establecido. El médico asumía el rol de una figura parental idealizada.

El objetivo del tratamiento: era inspirar en los pacientes un estado de ánimo feliz. En 1933 organizó innumerables grupos “socio-educativos-industriales” en el Hospital Estatal Worcester, para el personal, pacientes y comunidad hospitalaria. Trabajó con grupos de médicos, clérigos, educadores, enfermeras y estudiantes, con temas que incluían problemas de desarrollo, sexualidad, matrimonio, religión, filosofía, y adquisición de serenidad, éxitos entre otros. Su lema, repetido a menudo era: “La multitud les rompió, la multitud debe sanarles». También se añadió, a este moderno medio de abordaje, promover encuentros comunitarios en su hospital, con participación tanto de pacientes como de miembros de planta.

Doctora Bender, por su parte, trataba a sus grupos de niños y de adolescentes del Hospital Psiquiátrico de Bellevue, a través de clases de ritmo y música, terapia por el arte, rutinas escolares, teatro guiñol, discusiones y conferencias. En estos métodos, el terapeuta es una figura central, de gran autoridad y prestigio, lo que fomenta la dependencia. Al realizar conjuntamente la terapia individual y grupal, transferencias y contratransferencias se complican y el área individual constituye un lugar de reservas y secretos que interfieren con la integración del grupo, y refuerzan el papel central del terapeuta, poseedor de todos los secretos de los pacientes.

Otras terapias. Alcohólicos Anónimos
De esta misma corriente se derivan las terapias con análogos dinamismos que actúan “por el grupo con estructura fraternal”, aunque en vez de que se establezca la relación con un terapeuta-padre idealizado, se estimula la fraternidad homogeneizadora de los miembros, que disminuye la rivalidad y envidia dentro del grupo. Son modalidades de este tipo los diversos grupos de ayuda mutua existentes en la actualidad: “clubes” de diabéticos, desahuciados y cancerosos. El ejemplo mejor conocido es el de Alcohólicos Anónimos(A.A.) organización nacida en 1935.

En los grupos de A.A., cuya membrecía varía de tres a cincuenta o más miembros, se estimula la solidaridad, humildad y colaboración entre los integrantes. El alcohólico no confronta en estos grupos el problema de autoridad y se identifica fácilmente con el compañero que le “pasa el mensaje”; no se le culpabiliza, pero se le invita a asumir la responsabilidad de las propias acciones y a la reparación de ofensas y daños a terceros. Se utiliza la catarsis tanto con fines de liberación de las emociones perturbadoras, como para percatarse de insatisfacciones y resentimientos que impulsan a la bebida.

Para facilitar la integración al grupo se sugiere la participación diaria en las reuniones y la colaboración en sus tareas. Se induce la modificación de los “defectos de carácter” (formas habituales de pensamiento y acción), a través de la práctica de un programa de recuperación, que parte de la admisión del alcoholismo como enfermedad y llega a la actividad misionera de “ayudar a otros alcohólicos a recuperarse del alcoholismo”. Esta labor implica un proceso de extroversión, que facilita dejar de pensar en las dificultades propias, conduce a sentirse aceptado por la sociedad y aumenta la autoestima. Desplazan la dependencia del alcohol y de otras personas, a un Poder Superior, que puede ser el mismo grupo de A.A., Dios o la Naturaleza. A.A. ha dado lugar al surgimiento de numerosos grupos que utilizan sus principios para enfrentar problemáticas variadas: Alanon (familiares adultos alcohólicos), Alateen (hijos de alcohólicos), Narcóticos Anónimos, Drogadictos Anónimos, Familias Anónimas (de drogadictos y farmacodependientes), Neuróticos Anónimos, Comedores Compulsivos Anónimos, Adictos a las Relaciones Destructivas, Jugadores Compulsivos Anónimos. Synnanon, terapia para drogadictos, une al programa de A.A. los principios de la comunidad terapéutica.

Kurt Lewin
El psicólogo Kurt Lewin (1890-1947) desarrolló en los años treinta, en Alemania, los conceptos de la “teoría del campo” y la “dinámica de grupo”; contribuciones sustantivas de la moderna Psicología Social, que se derivan de su interés en la física y química. Emigrado a Estados Unidos de Norteamérica en 1933, formó el Centro de Investigación de Dinámica de Grupo, que se integró en 1948 al Instituto de Investigación Social de la Universidad de Ann Arbor, Míchigan, y entronizó los laboratorios nacionales de entrenamiento (grupos T, seminarios o talleres de formación) en Bethel, Maine.

La dinámica de grupo es una amalgama de tres disciplinas: psicología individual, psicología social y sociología. Combina el “skill group” en el que los participantes aprenden técnicas de manejo y participación en grupo, con el “training group”, dentro del cual se invita a los participantes a resocializarse en función de lo que sucede entre ellos; a abrirse al otro, ser más aceptantes y receptivos a las interacciones dentro del grupo.

Lewin introdujo la investigación-acción como método de trabajo para lograr el cambio en situaciones sociales concretas. Estudió las formas en que interactúan el grupo, el líder y los miembros individuales y la relación entre esta interacción y la tarea, desarrollo y estructura del grupo. Psicología a la vez dinámica y gestaltista, articula el medio social con los fenómenos de formación, integración y desintegración de los grupos.

Influjo de la dinámica de grupo
Tras la muerte de Lewin, en 1947, la terapia de grupo cobró un llamativo impulso y una creciente popularidad. Debido a la abundancia de casos psiquiátricos, los pocos psiquiatras militares existentes se vieron obligados a utilizar métodos de grupo por pura necesidad. De esta forma, los hospitales militares americanos y británicos se convirtieron en semillero de expertos en terapia de grupo. Es la etapa del auge de la terapia grupal. Llega el influjo de la “dinámica del grupo”. Va a comenzar la batalla de los grupalistas frente a los individualistas. De los partidarios del análisis individual en grupo, frente a los partidarios de la terapia de grupo. Nombres tan bien conocidos como S.h.Foulkes, wilfred r. Bion o Ezriel, todos ellos ingleses, reniegan en cierto modo de sus orígenes psicoanalíticos. Reivindican para el grupo un mayor protagonismo. Porque es el grupo como totalidad el que cura, no la mera relación transferencial con varias personas individuales a la vez. Por primera vez la Psicología Clínica va a tomar en consideración a aquella rama de la psicología que ha tratado al grupo como una realidad sui generis y una posible unidad de análisis: la psicología social.

El moderador, del grupo como elemento de curación: de la intervención “individual” a la intervención “grupal”.

La historia de los últimos años ha ido matizando el papel que aquel que está al frente de un grupo desempeña en el buen funcionamiento de éste. Siempre se trata de un papel decisivo como elemento de impulso a la maduración y al crecimiento. El gran elemento sanador de un grupo es la persona focal de su terapeuta.

Los años treinta y cuarenta supusieron el primer florecimiento de la terapia de grupo. El terapeuta, bajo la influencia todopoderosa de la de la terapia individual, pasa a desempeñar el papel de controlador de un proceso conocido. El hecho de realizar en grupo lo que, de suyo, puede ser realizado cómodamente en una situación individual, además de suponer un ahorro notable de tiempo y energías, permite realizar la labor de terapia en un clima propicio. Así el terapeuta es el creador de un clima de confianza no amenazadora: Protege al grupo de su propia irracionalidad, e incluso puede permitirse proteger a un miembro que está recibiendo un feedback poco adecuado o excesivo. Mantiene la atención fija en los datos de cada una de las personas que suceden en el presente del grupo, procurando a la vez que sea el grupo, y no él mismo, quien genere esos datos, logrando así transmitir una postura clarificadora sumamente eficaz.

Los instrumentos conceptuales no han variado enormemente, si pensamos en la terapia individual. Las dificultades que se encuentran, con sus matices, son también las esperadas:

Evolución
La evolución es crucial. Es la evolución que va desde hacer terapia individual en grupo, a realizar terapia de grupo. Las publicaciones que encontramos en los últimos años ofrecen modalidades de muy diversos tipos para la terapia en situación grupal. Pero todas ellas se han visto afectadas por este movimiento pendular de lo individual a lo grupal. Bien es verdad que el que se dedica a esta actividad de forma regular, conoce bien cuáles son las tentaciones del terapeuta: Sometido a la mirada directa de ¿siete?, ¿ocho?, pares de ojos, soporta la tensión de una intensa vivencia que le toma a él por pantalla de proyecciones, que deposita en él la electrizante responsabilidad de contactar con lo común, lo focal. Ese terapeuta siente una y otra vez la llamada a la omnipotencia gratificante a corto plazo, de la interpretación individual, o a la acogedora situación del que suscita y acaricia la confidencia personal.

Un terapeuta normal conoce hasta qué punto es fácil recurrir a estereotipos aclaradores, siempre tan bien recibidos por los pacientes, que desean conocerse. Es fácil, y confortable, porque evita así la intensidad dolorosa, casi de trance, que se vive cuando un grupo afronta en el momento presente, y no en la narración, los grandes conflictos de la afectividad humana.

Referencias:

Compilado por Andrea Ortiz Picasso

DÍAZ PORTILLO, Isabel. Bases de la terapia de grupo. Editorial Pax.
RODRÍGUEZ FALLA, Rafael. Técnicas de intervención grupal: Manual de teoría.
VAIMBERG GRILLO, Raúl. Psicoterapia de grupo. Psicoterapia de grupo online.