Nivel -4: Entrega a la Destrucción | Fase Pasiva de la Conciencia.

Esta obra representa la apatía que deriva de un ser que flota sin impulso, suspendido entre la memoria y la ausencia de sentido. Cada escama se convierte en un archivo de lo vivido: una base de datos sensorial donde aún laten las huellas del contacto humano. En su silencio acuoso, el pez muerto revela la paradoja de una vida que respira sin alma, evocando el pulso de lo que ya no es. Reposa sobre un periódico que declara “Lecciones éticas ahogadas por la codicia”, testimonio de una humanidad que permitió que su conciencia se durmiera, junto al reflejo de su propia ética.

En esa quietud resignada, donde lo vivo se confunde con lo inerte, emerge el rito táctil de lo inmóvil: la poética del desgaste que, al fin, se atreve a mirarse en su máxima lucidez.

¿En qué área de tu vida, o frente a qué circunstancia, te encuentras paralizado en el letargo?

La Ética Ahogada y el Despertar de la Conciencia

La lectura de este estado de conciencia nos obliga a salir de una introspección individual y adentrarnos en la ciencia. El Nivel -4 no es solo una miseria personal, sino una condición cultural que en la tapa del diario donde yace el pez muerto es titulada como: Lecciones éticas ahogadas por la codicia.

La Dimensión Sociológica de la Parálisis

Desde una perspectiva sociológica, esta “fase pasiva de la conciencia” es el estado ideal para el sostenimiento de sistemas injustos o éticamente deficientes. Cuando una masa crítica de individuos está dominada por la apatía, surge la inacción colectiva. Así es como la autenticidad “del estar siendo Heideggeriano” se transforma en inautenticidad.

Quien atraviesa la apatía se siente perdido en su propia caja, un sentimiento que, replicado millones de veces, se convierte en la resignación colectiva ante la corrupción y la desigualdad.

En lugar de asumir la responsabilidad de nuestra existencia y decisiones, nos concebimos como víctimas, quejándonos en lugar de tornarnos proactivos. Esta pasividad masiva es el oxígeno que necesita la codicia para aparecer como la salvadora mágica del juego.

El pez, que yace inerte de la obra, simboliza una sociedad que ha permitido que su ética se ahogue porque la mayoría ha elegido sentarse a observar el flujo de la vida, temerosos de vivir y de morir, pero incapaces de moverse.

“Letargo de una Conciencia Apática” es el motor silencioso que perpetúa las injusticias sociales, haciendo que las estructuras de poder se mantengan, mientras el verdadero yo de la humanidad permanece inmóvil y asfixiado.

La Fusión Indiferenciada y la Ausencia del ‘Yo’

Esta fase hunde sus raíces en la “estructura arcaica de Gebser”, caracterizada por la Unidad Indiferenciada y la Cero Dimensionalidad. Un estado pre-reflexivo donde No distinguimos entre el yo y el nosotros, entre el vos y el entorno. Una sensación aterradora de que «todas las palabras que salen de mi lengua / siento que vinieron de otro, de afuera, del mundo.»

El ser ha desaparecido, fundido en la instintividad y la resignación perpetua. La conciencia ha dejado un archivo sensorial, sin el agente activo que le da sentido.

Este letargo, en el sentido de Husserl, ocurre sin esfuerzo consciente. Nos percibimos presentes, pero no co-creamos; solo recibimos. observando las olas chocar desde la quietud forzada de un mar autoimpuesto:

«Estoy en una caja / Pero yo soy quien me encerró».

La Apatía nos hace víctimas de las circunstancias, un efecto angustiante de auto-reproches que solo puede romperse con “un despertar» hacia una resiliencia operativa.

¿Dónde has estado todo este tiempo..?

Un desarrollo del Dr. Fabián Sorrentino inspirado en la acuarela de Sylvia Godfrey

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